Alcoholismo
Alcoholismo: una enfermedad que puede detenerse
¡Tu voto es importante! Necesitamos estrellas para que nuestros contenidos sigan siendo gratuïtos. ¿Nos ayudas?

¿Un borracho es un alcohólico?

150 millones de personas están ebrias en este mismo momento. Según datos estadísticos, en un momento dado del tiempo, el 0,7% de la población mundial se encuentra en estado de embriaguez.

 

Y tú ¿eres un/a alcohólico/a?

Si dices que sí a cuatro o más de las siguientes preguntas, seguramente lo eres.

  • ¿Te fastidia estar leyendo esto porque crees que son consejos de una entrometida que exagera?
  • ¿Crees que tu mujer, madre, amiga, novio, compañero de trabajo o colega de fiesta son unos pesados cuando te dicen que deberías beber menos?
  • ¿Te propones resolver tu problema de borrachera cambiando de bebida, por ejemplo pasando del vino a la cerveza? ¿O haciendo trucos con el tiempo, por ejemplo, solo voy a beber los fines de semana o a partir de las cinco?
  • ¿Te está fallando el cuerpo? ¿Te tiemblan las manos? ¿Tienes lagunas de memoria? ¿Te duele la cabeza cuando te despiertas por la mañana? ¿Has perdido el hambre? Y… estos síntomas físicos ¿desaparecen cuando bebes una copa?
  • ¿Envidias a los que pueden parar de beber antes de meterse en líos? ¿O los que no necesitan beber todo lo que hay en el vaso, o acabarse la botella?
  • ¿Crees que bebes porque la vida es complicada? ¿O que te complicas la vida cada vez que bebes?
  • ¿Bebes antes de ir a una cita donde habrá alcohol (una fiesta, una cena, una quedada con los amigos) para disimular la cantidad de alcohol que acabarás bebiendo y poder decir que el alcohol te sube muy rápido?
  • ¿Has faltado al trabajo o a la escuela a causa de la bebida? ¿Dices que estás enfermo pero en realidad estás bebido o con resaca?
  • ¿Escondes las botellas de alcohol? ¿Llevas siempre alcohol encima, por ejemplo en el bolso?

La ayuda puede consistir en iniciar una terapia, en acudir a un centro de desintoxicación, y/o en conocer lo que puede ofrecerte Alcohólicos Anónimos.

 

 

El alcoholismo es una enfermedad

 

«Quise ahogar las penas en alcohol pero las condenadas aprendieron a nadar»

Frida Khalo

 

Hace muy poco Ben Affleck (actor y alcohólico) publicó en las redes sociales lo siguiente: «Ya he acabado el tratamiento para curar mi alcoholismo, algo con lo que he luchado en el pasado y con lo que lucharé en el futuro. Quiero vivir la vida al máximo y ser el mejor padre posible. Quiero que mis hijos sepan que no es ninguna vergüenza pedir ayuda cuando lo necesitas […]»

Amy Winehouse (cantante y poli-consumidora) que murió por intoxicación etílica, dijo en una ocasión: «La mayoría de la gente de mi edad pierde un montón de tiempo pensando sobre qué van a hacer en los próximos cinco o diez años. El tiempo que ellos se pasan pensando en su vida yo prefiero pasarlo bebiendo».

 

El alcoholismo desde el anonimato

A continuación puedes leer como sería la historia de cualquier héroe anónimo, basado en las narrativas compartidas de decenas de alcohólicos.

 

Lo bueno de lo malo

 

Bebes la segunda copa para alterar tu consciencia, para desinhibirte, para atreverte a ligar, para encontrar el valor de hablar con los demás, para dejar de pensar en tus problemas, para dejar de sentir miedo, para complacer a tus amigos, para ocupar tu tiempo el fin de semana… O porque después de la primera ya no puedes parar. No bebes cada día, o no a todas horas, o no bebes solo, así que en vez de llamarlo alcoholismo lo llamas borracheras ocasionales.

El deseo de ser otra persona, de ser mágicamente diferente, hace que no me sienta yo cuando bebo. Durante un instante me veo poderosa. Hasta que comienzan los desastres: el llanto, el vómito, la resaca, las lagunas, los temblores, los accidentes, la pérdida de dinero, de trabajo, de amigos, de familia…

 

Lo malo de lo bueno

 

El impacto del alcoholismo en las relaciones

Mi novio ya no sale conmigo y con mis amigas a tomar algo porque cree que el alcohol me sienta mal aunque… ha tenido que venir a buscarme unas cuantas veces en las que no sabía cómo volver a casa o cuando choqué con el coche. Y la verdad es que cada vez me cuesta más convencer a mis amigas para quedar después del trabajo. A veces bebo sola en casa. Bueno, casi prefiero quedarme sola en casa. Mi novio está recogiendo sus cosas para irse pero no me importa demasiado. No me entiende.

 

Curar el alcoholismo

 

Las falsas promesas de dejar de beber

La promesa de dejar de beber brota de mi boca antes de dormirme y es lo primero que vomito al despertarme. Esta vez lo conseguiré. Me planteo si sería capaz de ir con mis amigos y no beber alcohol este fin de semana. O incluso si voy a poder acostarme con el tipo ese que conoceré cuando salga este viernes sin coger el “puntito”. Y hoy, ¿puedo enfrentarme con mi jefe sin haber bebido un poco antes? La respuesta lógica es: “por supuesto” pero… las veces que lo he conseguido lo he acabado celebrando bebiendo el doble. Rechazo dejar de beber del todo y para siempre porque tengo miedo al cambio y a lo desconocido. Total… tampoco estoy tan mal…

 

Haga lo que haga no voy a conseguir liberarme de la adicción al alcohol

Lo he intentado tantas veces que he generado un estado de indefensión aprendida, la percepción de que haga lo que haga no voy a conseguir estar mejor o liberarme de la adicción. Mi autovalía está en jaque. Es el momento de conseguir un éxito. Aunque sea un éxito pequeñito que me conecte de nuevo con mi percepción de competencia.

 

Dejar el alcohol

 

 

Leo un artículo sobre alcoholismo. Pido hora para ir a la psicóloga. Ella me habla de AA (Alcohólicos Anónimos) y diseñamos un plan de acción para dejar de beber. De pronto me equipo con tres grandes herramientas:

  1. Mi disposición a dejar de beber.
  2. Un entrenamiento psicológico para afrontar el desafío.
  3. El apoyo de toda una comunidad de alcohólicos que ha pasado por lo mismo que yo.

Dejo de beber y de maltratarme. La adicción no es un simple problema físico, sino que es una estructura que se forma para sostener una psique quebrada. Empiezo un camino de autodescubrimiento en el que observo y transformo mis patrones disfuncionales. Me doy cuenta de que no solo me engañaba a mí misma sino que me había quedado sola, aislada, replegada en mi vida miserable, sin que nadie pudiera penetrar para ayudarme.

Cuando acepté y me rendí a la idea de que tenía una adicción, una enfermedad, empecé a respirar de nuevo.

De pronto, existía la posibilidad de encararlo desde otra perspectiva y recuperé la esperanza. Rodearme de otras personas que expresaban su experiencia abstinente me conectó con la fortaleza necesaria para dejar de consumir alcohol.

 

El síndrome de abstinencia

La cara menos amable, el síndrome de abstinencia, sin duda: nerviosismo, ansiedad, pesadillas, atracones de dulce, llanto, temblores, momentos de desesperación… Sin embargo, la resaca era mucho peor; durante dos días vivía inmersa en una especie de hipo emocional: culpa, victimismo, vergüenza, miedo, tristeza…

Mi psicóloga me explicó que el cerebro está diseñado para que repitamos las conductas que nos han producido placer y por eso se resiste a desengancharse de los tóxicos. Quiere que estemos bien (para que deseemos reproducirnos, en la medida en la que no solo tenemos un gen egoísta sino todo un cerebro egoísta)  y con la adicción al alcohol ha encontrado una manera muy eficaz de hacernos sentir bien, aunque sea durante un pequeño espacio de tiempo. Para conseguir que sigamos consumiendo, lo que hace es reducir el nivel de dopamina en el circuito de recompensas por debajo del nivel previo al consumo. Niveles bajos de dopamina implican: falta de regulación de las emociones, pensamientos pesimistas, apatía, insatisfacción, embotamiento del placer, molestias en las piernas, bajo rendimiento físico, antojo de tóxicos (azúcar, drogas, alcohol), problemas de concentración y de memoria.

Sin embargo, el síndrome de abstinencia acaba pasando y la fuerza que descubres en ti después de liberarte del tóxico te renueva completamente. La vida tal como la has vivido hasta ahora ya no te vale, quieres más y mejor.

 

Reparar los daños ocasionados

Reparar (no sólo pedir disculpas, sino abrirme y dar las explicaciones que necesite el otro) a las personas que sufrieron por mi alcoholismo (mi ex novio, mis padres, mis amigas) me libera de mi pasado y me permite retomar la confianza en mí misma. Es muy fácil dar una segunda oportunidad a una persona que ha demostrado que ya no tiene tóxico en su cuerpo. Que tiene consciencia y que ha retomado el control de su vida.

Después de pasar por el proceso del autodescubrimiento y de cambiar de valores, creencias y hábitos, puedo decir que ayudar a otros con mi experiencia me motiva a seguir abstinente.

 

¿Cómo puedes ayudarte? ¿Cómo podemos ayudarte?

 

Adicción al alcohol

 

Si  eres adicto al alcohol solo existe solución eficaz: la abstinencia. Un adicto no puede consumir moderadamente. El alcoholismo es una enfermedad que hay que afrontar con un cambio de hábitos, de valores y de creencias, como harías si tuvieras otra enfermedad crónica como la diabetes o el cáncer.

En este artículo vamos a darte ideas para que la travesía culmine en una transformación vital que le aporte un nuevo propósito a tu vida: vivir sano y libre.

 

1. Cambio de valores (cambio de perspectiva)

Todos tenemos un pequeño filósofo dentro que reflexiona sobre los grandes porqués y para qués del mundo y la vida. Lo más frecuente es que nuestro filósofo interior sea etiológico, es decir, que busque las causas de lo que observa. Por ejemplo, bebo porque tengo miedo a enfrentarme a la vida, y como no puedo convencer a la vida de que cambie ella, entonces no puedo dejar de beber.

Os propongo otra forma de filosofar, la teleología, la búsqueda del propósito y no de las causas de cualquier fenómeno. En nuestro ejemplo, bebo para evitar enfrentarme a las decisiones que he tomado o a mis miedos, por ejemplo, miedo al ridículo o miedo al rechazo. La teleología nos ofrece más margen para el cambio, para retomar el control de nuestra vida. Por ejemplo, si mi propósito es cuidarme, entonces dejo de intoxicarme, hoy, mientras dure mi propósito, desde la disposición y no desde el deseo, sin darle peso a las razones por las que  he estado bebiendo. Pasamos del “por qué” al “para qué”.

 

2. Cambio de creencias (cambio de forma)

Dice Lisa Feldman, con bastante credibilidad, que las emociones son conjeturas de nuestro cerebro.

Una conjetura es un juicio u opinión que nos formamos por indicios y observaciones. Se refiere a que solemos deducir que nuestras reacciones físicas son estados emocionales, sin embargo, solo es una deducción, no una realidad. Según esta científica, una misma reacción de nuestro cuerpo puede interpretarse como miedo o como bienestar, dependiendo de cómo hemos construido nuestro mundo mental. Por ejemplo, la reacción física al miedo y al enamoramiento es exactamente la misma.

Por ejemplo, percibes que se te encoge el estómago ante la idea de no beber más y lo interpretas como una sensación anticipada de desdicha e infelicidad. Sin embargo, dado que el cerebro está deduciendo que, en base a tu experiencia pasada, eso es lo que deberías estar sintiendo, si estableces una nueva relación o significado del “encogimiento de estómago” construirás la creencia de que la sobriedad implica una vida mejor.

Así, tu cerebro va a conjeturar que el encogimiento de estómago significa que estás cuidándote y la sensación será bienvenida y beneficiosa. Os lo ejemplifico con algo que oí muchas veces de niña, “si pica es que se está curando” que ha hecho que crea que el ardor de desinfectar una herida es una sensación positiva para mí.

 

3. Cambio de hábitos (dejar de aislarse)

Desde mi punto de vista, el cambio de hábito más efectivo para detener cualquier adicción, incluido la del alcohol, es dejar de intentar hacerlo solo. Creo que el apoyo y vínculo con los otros son grandes motivadores para alcanzar mayores propósitos. De la misma forma que no se puede alcanzar la cumbre del Everest sin un campamento base para reponerse y tomar aliento, no podemos transformar nuestra vida si no nos autoriza  un entorno que nos dé fuerza y seguridad. 

Hay que rodearse de las personas que puedan ver tu deseo de cambio, tu voluntad de transformación y te ayuden a tirar de ti. ¡Ah!, muy importante, ayudar a los demás es tan adictivo como el alcohol u otras drogas; es lo que llamamos un vicio virtuoso.

 

Alcohólicos

 

Relación entre el Alcoholismo y la Salud desde la Ciencia

 

La palabra alcoholismo se deriva de una palabra de origen árabe, al-kuhúl, que significa “el sutil”. Esa sutileza ha llegado hasta la ciencia, impregnando los resultados de los estudios sobre consumo de alcohol y salud.  Actualmente, existe tanta controversia que en lo único en que se han puesto de acuerdo los diferentes investigadores, es en considerar que los efectos obtenidos hasta ahora están modulados por factores de confusión.

Por ejemplo, parece que una copa de vino al día podría tener efectos beneficiosos para la salud pero las personas que consumen vino habitualmente podrían tener mejor calidad de vida no por las virtudes del vino, sino por su mayor poder adquisitivo.

Otro ejemplo de factor confusional: fumar –que puede estar afectando tanto con el consumo de alcohol como a la salud siendo una variable que habría que controlar en cualquier estudio.

Otro, se ha afirmado que una bebida estándar al día podría ser beneficiosa para la salud pero resulta que una bebida estándar, según el país, equivale a diferentes grados de alcohol: en el Reino Unido, a 8 gramos, en Japón a 20 gramos (con toda una gradación intermedia en otros países).

Otro ejemplo, se ha observado que la relación entre salud y alcohol varía entre países culturalmente consumidores y países culturalmente abstemios. Se ha encontrado que las tasas más bajas de mortalidad atribuible al consumo de alcohol se encuentran en Oriente Medio (por ejemplo, Kuwait) y las más altas en el Báltico o la Europa del Este (ejemplo, Rusia).

La controversia científica está en pleno auge, no sobre los beneficios o perjuicios del alcohol en grandes cantidades sino en si existe realmente un efecto protector cardiovascular del consumo muy moderado exclusivamente de vino o cerveza.

 

El primer paso es la admisión del verdadero problema: la adicción.

 

Adicción al alcohol

 

El alcohol pone una equis en muchos cuadraditos neuroquímicos, que es lo que explicaría que a casi  todos los animales de laboratorio a los que se les ha obligado a probarlo (monos, insectos, palomas, elefantes, perros) les ha acabado gustando.

Se instala promiscuamente en muchos receptores del cerebro, de manera que nos afecta con síntomas parecidos al consumo de nicotina, alucinógenos o sedantes.

La adicción nos enseña mucho acerca de la manera en la que funciona el cerebro. En el caso de los patrones de la adicción, erosiona los sistemas naturales que tiene el cuerpo para administrarse recompensas y, en cambio, hace trabajar muchísimo más a los circuitos de estrés. La adicción es la otra cara del aprendizaje. Consideramos que la dopamina está asociada a la recompensa, pero, en realidad, tiene mucho que ver con el aprendizaje. Cuando sentimos que hemos hecho algo bien el aumento de dopamina nos produce bienestar. Y la inundación de dopamina en el cerebro acabará haciendo que le demos valor (que decidamos si algo es positivo o negativo) a cualquier idea abstracta, símbolo u objeto. Darle valor positivo a la embriaguez es el resultado de un arduo aprendizaje.

 

Y hasta aquí por ahora. Soy Melània Figueras, doctora en neurociencias y psicóloga experta en adicciones. Si tras leer esto crees que necesitas ayuda para dejar de beber pide hora y pasamos página juntxs.

Comments are closed.