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Ansiedad y depresión: ¿trastorno o enfermedad?
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La depresión y la ansiedad son dos trastornos psicológicos propios del mundo occidental moderno. Su desarrollo está alcanzando carácter de epidemia. Para hacerles frente hay un aspecto clave que diferenciará el abordaje para resolverlos: ¿debemos considerarlos una enfermedad o un trastorno?

 

¿Cuales son las diferencias entre ansiedad y depresión?

 

De forma resumida, la ansiedad es un estado de activación que excede las necesidades del momento. Las fobias, los ataques de pánico, la angustia excesiva, son inicialmente respuestas que no permiten adaptarse a una situación concreta. Preocuparse en exceso, paralizarse delante de una charla, sufrir por la posibilidad de una enfermedad grave, provocan un estado de alerta constante que provoca respuestas para intentar disminuir los temores o miedos.

 

ansiedad

Quien la padece se entrega en cuerpo y alma a controlarlo todo o bien genera conductas rituales para intentar disminuir su malestar. Son cada vez más conocidos los rituales del trastorno obsesivo-compulsivo  TOC. Comprobar 10 veces si has cerrado la luz o no mirar los números impares son conductas destinadas a reducir el sufrimiento de los propios miedos. Estas conductas o rituales suelen calmar a la persona momentáneamente, aunque siempre estás la posibilidad de una catástrofe a la vuelta de la esquina.

 

La depresión (qué describimos ampliamente en este blog) es un trastorno del estado. Entre sus síntomas están la falta de energía y motivación, la dificultad para disfrutar, pensamientos negativos sobre sí mismo, los demás o el mundo y pensamientos suicidas.

 

Enfermedad vs. transtorno: el primer escollo hacia la salud mental

 

Cada vez toma más fuerza la idea de salud mental. Inevitablemente “salud” se opone inmediatamente a “enfermedad”. Hablamos de enfermedad un mal funcionamiento biológico que debe ser curado. Ese mal funcionamiento se puede deber al consumo de sustancias tóxicas, a virus o bacterias, alteraciones genéticas, o el natural desgaste de los órganos, tejidos y sistemas del cuerpo, incluido el cerebro.

 

Salud sería la no existencia de enfermedad, pero esta afirmación es demasiado simple y simplista. La Organización Mundial de la Salud define salud como “un estado de perfecto bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad.” Estar sano es más que no estar enfermo.

 

¿Y la diferencia con trastorno?

 

Un trastorno también implica un funcionamiento anormal de algunos procesos, aunque prácticamente se circunscribe a los problemas psicológicos: trastornos del ánimo, del sueño, de la conducta alimentaria, de la personalidad

 

La gallina y el huevo de la psicología y la psiquiatría

 

Hablar de la depresión y ansiedad en términos de trastorno o de enfermedad, definen de forma bastante clara el abordaje terapéutico que se seguirá para resolverlo.

 

La perspectiva biológica propone la existencia de un desajuste neuroquímico en los neurotransmisores que transmiten los impulsos nerviosos de las neuronas. Se han desarrollado toda una gama de psicofármacos destinados a paliar los síntomas del trastorno depresivo y el trastorno ansioso. Se establece una causa y efecto de forma lineal: mis neurotransmisores no funcionan bien, por tanto me siento ansioso o deprimido.  

 

Desde la perspectiva psicológica, en cambio, entendemos la depresión como una dificultad en afrontar ciertas situaciones que proviene de los aprendizajes y creencias de cada persona. Si no tenemos las herramientas para resolver ciertas dificultades vitales, podemos sentirnos incapaces y caer en la depresión: es mejor no moverse y no fallar que intentarlo y fracasar sería la lógica de la depresión. En el caso de la ansiedad, controlar todos los factores posibles para evitar nuestros mayores miedos suelen crear un miedo mayor.

 

Y ¿cómo empezamos?

 

depresión y ansiedad

 

Poco a poco. Y por partes.

 

En el caso de la depresión existe una importante falta de energía como para tener fuerzas y motivación para un cambio a gran escala. Suele ser interesante plantearse retos a pequeña escala, pequeñas victorias cotidianas que van poco a poco, restaurando la confianza en sí misma. Dar un pequeño paseo, sacar el perro, cocinar algo sencillo… Son pasos que inicialmente parecen muy pequeños, pero que pueden facilitar más salir de la depresión que intentar un gran paso, no conseguirlo y realimentar la depresión.

 

En el caso de la ansiedad, precisamente lo mejor suele ser lo contrario: no hacer nada. Ya has intentado evitar todo lo evitable, controlar todo lo controlable. Pero incomprensiblemente, tu ansiedad no sólo no disminuye, sino que va creciendo más. La aparición de pensamientos negativos, relacionados con el miedo a que algo terrible pueda suceder pueden llevar a que queramos evitarlos por lo mal que nos sentimos

 

Plantéate la posibilidad de parar un poco (aunque no lo hagas todavía; no estás preparado) Esto puede darte una visión más amplia de tu problema, porque,  en general, sueles estar en tu burbuja de ansiedad y no puedes ver nada más

 

A veces, la mejor manera de ayudar es no ayudar

 

ansiedad y depresión

 

La depresión no se rige por la lógica humana. Si alguien está en una buena situación ¿qué sentido tiene deprimirse? La ansiedad tampoco; si no hay problema, ¿para qué te preocupas?

 

Pero cuando estamos cerca de alguien que sufre estos problemas, intentamos ayudar dándole ánimos o intentamos motivarla para que haga cosas, para que no piense en ello, para que abandone su aislamiento social en el caso de la depresión. Incluso a veces la culpamos de su estado: “Yo si que tengo motivos para estar deprimido y no tú””Tienes que ser más fuerte””¡Supéralo ya!¡Mira cómo haces sufrir a tu familia!”

 

Un secreto para todos esos ayudadores de buena voluntad: si alguien con un trastorno depresivo o de ansiedad supiera cómo salir de ahí, lo haría. Si no lo hace, es porque no encuentra la salida adecuada, porque no tiene la falta de  habilidades necesarias para conseguirlo. Pero es esa persona la que deberá encontrar la opción más adecuada para poder salir. Del mismo modo que a cada uno le encaja un zapato, hallar la opción que más se ajusta a cada persona garantiza mejores resultados.

Así que si vas a ayudar así, no ayudes más.

 

El tratamiento de la depresión y la ansiedad según el enfoque médico

depresión

 

Tratamiento farmacológico para ansiedad y depresión

 

A partir de la idea que comentábamos antes, se puede intentar mejorar el estado de la persona a través de la medicación. Existen en el mercado muchos y diferentes fármacos que intentan incidir sobre un desequilibrio químico de los principales neurotransmisores. Algunos intentan mantener a estos transmisores más tiempo en el espacio sináptico para que actúen durante más tiempo. Otros intentan favorecer su producción o que se desgasten menos. Aunque cada fármaco antidepresivo tiene también sus efectos secundarios que hay que valorar.

Existen porcentajes variables de resultados de estos psicofármacos, por tanto, su eficacia es relativa a la persona y a su situación y es difícil separar la eficacia del fármaco de otros factores de la vida del paciente.

 

Pastillas para la ansiedad y la depresión

 

En el caso de los ansiolíticos, su función es reducir el nivel de activación excesiva que sufre la persona con ansiedad. No es raro que algunos ansiolíticos sean relajantes musculares.

Los efectos secundarios pueden ser desde somnolencia, apatía, falta de energía y dependencia.

 

Los nuevos descubrimientos ponen de moda nuevos fármacos, que intentan reducir los efectos secundarios y aumentar su eficacia. Algunos estudios no encuentran diferencias significativas entre el fármaco y el efecto placebo. Además estas investigaciones tienen que lidiar también con el efecto placebo de los que sí toman el principio activo, ya que es muy complicado separar el uno del otro.

 

Como decía mi profesora de psicofarmacología, todo psicofármaco es una droga y por tanto, generará necesariamente estados mentales distintos.

 

Aún y no siendo especialmente amante de las pastillas, tomar un fármaco es mejor que nada. Si alguien se inicia en una terapia con fármacos, también toma conciencia de que está haciendo algo para mejorar, y eso también puede ser terapéutico.

 

Tanto los fármacos antidepresivos como los ansiolíticos no son caramelos

 

Aunque sobre todo esto, hay un aspecto básico a tener en cuenta. Tanto los fármacos antidepresivos como los ansiolíticos no son caramelos. El psiquiatra Allen Frances, en su libro ¿Somos todos enfermos mentales? explica que uno de los grandes problemas con la medicación es que pueden ser recetados por un médico de cabecera, que en una visita de siete minutos, hace una evaluación y posterior diagnóstico de un trastorno o enfermedad mental y receta los fármacos qué le parecen más adecuados. Para un diagnóstico realmente ajustado al problema y a los síntomas, es necesario una entrevista y una serie de pruebas que nos acerquen a la magnitud e importancia del problema. Y esto no puede hacerse en una visita de siete minutos.

Los efectos secundarios de los psicofármacos (astutamente ocultados por la industria farmacéutica) son lo suficientemente importantes como para invertir tiempo y dinero en un diagnóstico acertado.

 

Terapia electroconvulsiva para la depresión grave

 

Este tipo de terapia que en su momento fue muy controvertida, vuelve a aplicarse en casos de depresión muy resistente incluso a diferentes fármacos antidepresivos.

Las personas que han seguido este proceso, relatan que en general se sienten mejor tras el tratamiento. El especialista aplica una serie de corrientes de muy bajo voltaje (100 veces menos que la pila de tu mando a distancia), al tiempo que se administra un sedante que relaja el cuerpo para evitar las convulsiones musculares.

Su principal efecto secundario suele ser una pérdida de memoria que se va recuperando en el plazo máximo de unos seis meses.

Un porcentaje muy elevado de personas a quien se lo han administrado, explican sentirse mejor ya desde las primeras sesiones aunque los estudios que hemos revisado no superan el 50% de éxito a medio plazo.

 

Terapia psicológica para la depresión y la ansiedad

 

felicidad

 

Terapia cognitivo-conductual

 

Según esta escuela,  son nuestras creencias irracionales las que provocan estos trastornos emocionales. Así por ejemplo, los impulsos suicidas se pueden deber a pensamientos como “no lo podré soportar”, “esto no tiene solución”, “estarían mejor sin mí” Estos pensamientos a su vez generan un bucle que incrementa la intensidad del síntoma.

La terapia cognitivo-conductual se basa en ir desafiando esas creencias a través del diálogo con la terapeuta, para llegar a desarrollar creencias racionales que desbloqueen los síntomas.

 

Terapias interaccionales

 

Las terapias que tienen en cuenta la relación de la persona que sufre el trastorno con las personas y contextos que les rodean, se centran en cambiar a través de diferentes movimientos aquellas dinámicas que mantienen a la persona anclada en su transtorno.

 

También se centran en aquellas estrategias no funcionales que la persona con el trastorno utiliza para intentar solucionarlo. Una observación más continuada conjuntamente con el cliente suele mostrar que sus intentos de solución no tan sólo no funcionan, sino que mantienen o incluso empeoran el problema. Proponer soluciones alternativas, funcionales y a veces, aparentemente fuera del sentido común son especialmente usadas por las terapias breves, tanto individuales como familiares.

 

Terapia centrada en soluciones o resolución de problemas.

 

Si entendemos que la ansiedad y la depresión son un problema y no una enfermedad, podemos aproximarnos a una solución que se base en ver qué factores, tanto internos como externos mantienen o empeoran el problema.

No sólo eso. Además somos conscientes de algo que al cliente, anclado en sus pensamientos negativos, le resulta difícil de percibir: a veces los síntomas no suceden, los pensamientos no son negativo y a veces, aunque sean pocas, la persona hace cosas qué van en contra de lo que cabría esperar por su problema. Esas excepciones, bien acompañadas y estudiadas por el terapeuta, se convierten en pepitas de oro para poder ayudar al cliente con sus propios recursos.

 

Para terminar…

 

Hemos querido hablar de las opciones más conocidas para resolver la depresión y la ansiedad de forma muy resumida.

Pero lo más importante para mi como psicólogo es la idea de que tanto la ansiedad como la depresión son problemas, graves, pero problemas y como tales pueden ser solucionados. Entenderlas como enfermedades acarrea a quien las sufre, maratonianos recorridos por diferentes fármacos, y sobre todo, el estigma que conlleva: incapacidad, debilidad mental, poco compromiso. Por otro lado, dado que la mayoría de fármacos no resuelven por sí solos estos problemas, el problema tiende a cronificarse, además de los efectos secundarios que pasan a formar parte de la vida del paciente, en ocasiones como un síntoma más.

Si lo que haces no resuelve lo que te pasa, haz otra cosa.

 

Para cualquier duda, pregunta o comentario, puedes contactar conmigo a través de www.lobuenosibreve.com/enric-ferres/.

 

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