Sufro dependencia emocional
¿Sufro dependencia emocional? Cómo detectarlo
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Las relaciones adictivas son como las calorías vacías: no nutren.

Melània Figueras

 

Este artículo es uno de los más completos que he escrito y en el que explico desde las causas de dependencia emocional hasta sus soluciones. Para facilitarte su lectura lo he dividido en tres partes:

  1. ¿Sufro dependencia emocional? Cómo detectarlo
  2. Síntomas de dependencia emocional, enganche afectivo y tipos de ayuda.
  3. Cómo superar la dependencia emocional.

Al acabar cada uno de ellos tienes un enlace a los demás. Como vamos a estar juntos un rato, empezaremos por el principio.

 

¿Qué es la dependencia emocional?

Para mí, es un estado de la mente que nos impele a buscar con desesperación una relación significativa (de pareja, con los hijos, con los padres, o con los amigos) que satisfaga una demanda afectiva excesiva, desproporcionada y disfuncional.

Este concepto se acuñó en psicología clínica, cuando observaron que algunas parejas de alcohólicos, en vez de dejar una relación que les estaba haciendo daño, se quedaban para cuidarles, resolverles los problemas y atender sus necesidades. En vez de amar, dependían.

 

¿Por qué confundimos dependencia emocional con amor?

Al depender, en vez de amar, nos adaptamos a la incertidumbre, asumiendo el rol de facilitador: facilitamos cuidados y atenciones. Es una manera de asegurarnos una relación con alguien que nos necesita, de encarcelarle dentro de sus carencias. Lo más paradójico es que al evitarle vivir las consecuencias negativas –o como mínimo amortiguarlas– no le permitimos hacer ningún cambio radical en su vida. Y así, en vez de amor construimos dependencia (ya te lo he contado anteriormente en alguno de mis vídeos)

Lo más disfuncional de este estado de la mente de dependencia es que no estamos cuidando a los demás por abnegación –descuidando nuestras necesidades–, sino que, el cuidado y la entrega al otro es nuestra manera de cubrir nuestras exageradas demandas emocionales; es un medio no un fin.

 

 

Por ejemplo, cuando ayudas a una persona, en consulta, a que deje de consumir una sustancia tóxica, si su pareja es dependiente, al poco que mejore su compañero, va a pedirte una sesión conjunta para decirte que ahora la relación de pareja no funciona. Queremos que nos necesiten, que estén motivados para querernos, no una relación sana. Hasta el punto de que las personas dependientes estamos dispuestas a sacrificar los valores personales, morales y espirituales para mantener la ilusión de tener una relación y la fantasía de cómo tiene que ser esa relación.

 

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Causas de dependencia emocional

Existe una clara relación entre el abandono emocional infantil y la dependencia emocional del adulto. De niños, somos como esponjas, aprendemos todo lo bueno y todo lo malo que ocurre a nuestro alrededor –no lo que sería ideal aprender sino lo que realmente ocurre en nuestro entorno. La percepción que tenemos de la manera en que nos quieren configurará nuestra representación emocional, afectiva y social de las relaciones interpersonales. Sabemos que crecer con bienestar proporciona los mecanismos psicológicos claves para tener estabilidad física, emocional y calidad de vida. Y en general, favorece los procesos de aprendizaje, la solución de problemas y un mejor afrontamiento de los retos vitales.

 

La dependencia emocional, ¿nace o se hace?

Jorge Castelló, psicólogo, especialista en trastornos de personalidad sitúa las causas de dependencia emocional en la infancia. Nos explica cómo las carencias afectivas tempranas, la ausencia de cariño o la frialdad que el niño percibe, le indican que no es querible; que no es lo suficiente válido como para ser aceptado, atendido y amado.

Por ejemplo, el síndrome del príncipe destronado es un patrón de celos infantiles, a causa de la llegada de un hermanito y ocurre cuando el mayor siente peligrar su suministro afectivo. Percibe que repartir el poco afecto que recibe de los padres va a suponer una pérdida angustiosa de cariño y atención. Y cuando ese aprendizaje se “fije” en el cerebro como un patrón de conducta, entonces, de adulto, en su búsqueda desesperada de afecto, paradójicamente, se sentirá atraído por personas distantes, parcas para dar su aprobación a los demás.

Una de las causas de dependencia emocional que me parece más perversa es la sobreprotección devaluadora. Los padres o familiares están todo el día encima del niño pero sin transmitirle la sensación de que es el rey de la casa, sino que es un niño torpe, inútil o malo. Es una sobreprotección en la que se resta autonomía al pequeño, en la que no se le deja hacer nada, comunicándole que él no sabe, que es un inepto, y que no vale la pena que lo intente porque seguro que lo hará mal.

 

 

Quede dicho que la sobreprotección excesiva, no devaluadora, no provoca dependencia emocional, sino otro tipo de problemas como ansiedad, falta de confianza en uno mismo o un tipo de dependencia más práctico o instrumental, por la que la persona duda de sí misma para cualquier decisión que tenga que tomar en su día a día.

 

Tipos de dependiente emocional

El dependiente emocional enamorado

Si dependemos, no elegimos de quien nos enamoramos, nos eligen. Perdemos, o no tenemos, la objetividad de buscar a alguien que esté sintonizado con nuestros valores o que encaje con nuestros ideales. Nos enamoramos de personas que activan nuestro deseo de cuidarles o que “pican piedra” por nosotros (insisten hasta que nos convencen de que nos van a querer por los dos). Incluso cuando alguien no nos gusta nada, si muestra interés y nos hace caso, va a empezar a gustarnos.

Es probable que justo al empezar una relación sigamos ciertas pautas que configuran nuestro patrón de dependencia:

  1. Preocupación obsesiva: por tener una relación si estamos solteros o, por la relación que acabamos de iniciar. Esa obsesión altera nuestro estado de ánimo absorbiendo toda nuestra energía y llevándonos a un estado cercano al trance (de desconexión con la realidad).
  2. Ritualización: iniciando conductas que tenemos asociadas con empezar una relación, por ejemplo, perder peso, comprarse ropa, maquillarse, ir a la peluquería, quedar con los amigos (para fingir que tenemos una rica vida social y para tener a alguien a quien contarle todos los detalles de nuestro nuevo romance).
  3. Comportamiento compulsivo: convirtiendo la nueva relación en el centro de nuestra vida desde el primer minuto. Incluso, hablando de matrimonio o aferrándonos a esa relación desde el “para siempre”.
  4. Desesperación: en el momento en que nos damos cuenta de que esa relación no está satisfaciendo nuestras demandas exageradas de cariño y atención y sentimos que nos invade la impotencia, el pesimismo y la desesperanza.

 

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El dependiente emocional en pareja

Cuando estamos en pareja podemos incurrir en una o más de las siguientes conductas:

  • Tenemos tanto miedo a perder al otro que no respondemos, únicamente reaccionamos. Nuestras acciones están determinadas por las acciones y actitudes de los otros. Incluso llegamos a asumir la responsabilidad por los sentimientos del otro (por ejemplo, cuando nos oímos diciendo: “no es que sea borde es que no se siente cómodo cuando hablamos de mi trabajo”).
  • Como aprendimos que no debíamos sentir lo que sentíamos –porque nos castigaban o se burlaban de nosotros si expresábamos lo que experimentábamos– ahora tenemos serias dificultades para identificar y expresar sentimientos. Pensamos mucho e, incluso, teorizamos sobre ellos, pero no sé diferenciar si estoy irritado, triste o conmovido.
  • En algún momento, frecuentemente después de una discusión especialmente descarnada o de un período prolongado de fría convivencia silenciosa, nos sentimos atrapados en una relación completamente asimétrica. Al sentir que no podemos dejarle (esa es la creencia construida en base a nuestra percepción distorsionada por la dependencia), nos obsesionamos con la conducta del otro para quejarme, sufrir o querer cambiarle.

Porque las personas dependientes no queremos a nuestra pareja, solo queremos la relación, así que no aceptamos al otro como es. Acabamos viviendo la relación con la pareja como una lucha en la que no acepto, me quejo y quiero que cambie. Finjo que me resigno a las cosas que no me gustan, pero exigiendo, desde la queja, las malas caras y los reproches, que seas diferente y me hagas sentir querida o querido –aunque nunca tenga suficiente. El otro, que no siente que tenga ningún problema, ni se plantea cambiar.

 

El dependiente emocional en la ruptura

Las rupturas y reconciliaciones son frecuentes, tortuosas y desestabilizantes. En el mismo momento en que uno de los dos dice: “se acabó”, ya estamos pensando en volver: en cómo vamos a acercarnos de nuevo, en cómo vamos a seducirle, en cómo vamos a perdonarle y nos convencemos de que “el amor todo lo puede”. Como no sabemos identificar nuestros sentimientos, confundimos miedo con amor.

Al reconciliarnos, hablamos durante horas sobre la relación, decimos o escuchamos todo lo que no nos gusta del otro, prometemos cambiar y no nos damos cuenta de que la expectativa es tan alta que es imposible cumplir con lo que hemos prometido. Y todo empieza de nuevo: la rueda vuelve a girar.

 

 

Sin embargo, cuando la ruptura es firme, se pueden presentar dos opciones. Una es que saltemos a una nueva relación lo antes posible ya que no dependemos de la persona, dependemos de las relaciones. Cuando esto sucede, la pareja anterior deja de tener importancia cediéndole el puesto a la nueva pareja para que pase a ser el centro de nuestra existencia. Como dice Anne Wilson: “las personas adictas a las relaciones no tienen relaciones, tienen rehenes”.

Y la otra posibilidad tras la ruptura es que la persona dependiente presente un bloqueo afectivo, que es una reacción transitoria en la que construimos una barrera o protección basada en la búsqueda de estabilidad en las relaciones interpersonales. Pero es una falsedad, en realidad lo que queremos es evitar los contactos íntimos quedándonos en la superficialidad de las relaciones, y llegando incluso a la anorexia emocional (restringir la intimidad con los otros para no perder el control y no sufrir).

 

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En fin, si después de haber leído sobre las causas de dependencia emocional y de sus patrones comportamentales quieres saber más sobre los Síntomas de dependencia emocional, adicción y tipos de ayuda o sobre Cómo superar la dependencia emocional te lo cuento en los dos próximos artículos.

Y si ya sabes que quieres salir de ello y sol@ no puedes, te invitamos a apuntarte a nuestro grupo online para superar la dependencia emocional.

2 Comments

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