Si puedes cambiarlo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, acéptalo. Y si no puedes aceptarlo, divórciate.

¿Cómo saber si es el momento de separarme o divorciarme?

Nunca hay un momento adecuado para romper una relación aunque hay algunas pistas que pueden ser orientativas. Señales muy claras serían: que existe maltrato o abuso a cualquier nivel, o si, a la práctica, ya se vive separado e interesa formalizar el divorcio por cualquier razón. Las pistas más sutiles serían que falta compromiso, pasión y/o intimidad–amistad (la tríada del amor de Sternberg).

Para calibrar el clima emocional de la persona que viene a consulta con esas dudas, suelo proponer el siguiente ejercicio:

Imagina que en un rato te ingresan en tu cuenta un millón de euros, encontramos una manera de que tus hijos no sufran por la separación, tu familia y amigos te llaman para decirte que si quieres separarte lo hagas, que te apoyan, y tienes un admirador (o admiradora) secreto que te escribe mensajes de whatsapp súper románticos diciéndote que le encantas tal como eres físicamente y de manera de ser. A ti te gusta su forma de escribir, parece alguien inteligente y divertido. Ahora imagina que llegas a casa y tu pareja te dice que quiere separarse ¿qué es lo primero que sentirías?

He podido comprobar que si la persona dice que siente alivio es que la relación ya está “tocada de muerte”. Lo contrario sería que respondiese que siente ansiedad o miedo, en ese caso hay que seguir explorando sobre qué parámetros descansa esa relación. Para mí, el alivio es un síntoma de falta de compromiso, así como la pereza enmascara una falta de pasión y la desaprobación esconde que se ha perdido la intimidad –compromiso, pasión e intimidad son las tres características que definen una relación plena y completa según la teoría del amor de Sternberg.

Todas las rupturas son sucias y feas

Un divorcio puede ser de dos tipos, de mutuo acuerdo o contencioso. En el caso de mutuo acuerdo, ambos cónyuges están de acuerdo en romper la relación, pactan un convenio regulador detallado (custodia de los hijos, pensiones compensatorias, pensiónalimenticia, vivienda familiar, etc)  y ambos mantienen un cierto nivel de comunicación cordial. A veces se habla de divorcio express, ya que el proceso legal concluye con relativa rapidez.

En caso de divorcio contencioso, los acuerdos se decretan via judicial o porque no se llega a un acuerdo o porque uno de los dos no quiere separarse. En este caso puede (y suele) fallar el deseo de mantener la cordialidad en la comunicación y la convivencia se convierte en una batalla campal donde los hijos suelen convertirse en armas arrojadizas.

Aunque se trate de un proceso de divorcio de mutuo acuerdo, deshacer un matrimonio o una familia es difícil y costoso. Requiere afrontar y doler las pérdidas. Suelen aparecer sentimientos muy difíciles de gestionar como la culpa, la vergüenza y el miedo. Buscar ayuda legal y emocional para tener las máximas estrategias de afrontamiento marca la diferencia entre una ruptura sucia y fea y una ruptura apestosa y horrible.

Además, en nuestra cultura, un divorcio se centra en lo legal y lo económico, y se deja de lado el tsunami emocional que se da en la pareja y en la familia. Desde mi punto de vista, ambos cónyuges deberían acompañarse de un abogado y de un psicólogo durante todo el proceso.

Si vas a juicio, busca ganar el juicio pero no busques ganarle a él o a ella

Si no habéis llegado a un mutuo acuerdo y vais a juicio, seguramente estás descubriendo que el amor ha huido por la ventana. Ocurre que el hombre con el que has construido una familia o la mujer con la que has tenido hijos, es capaz de manipular la realidad para conseguir su objetivo legal o económico. Independientemente de la rabia, el deseo de venganza o la arrogancia con la que os tratéis, hay muchos puntos de no retorno en la comunicación que no deberían cruzarse. Para mí, el mensaje que debe estar de fondo es: busca ganar el juicio pero no ganarle a él o a ella.

  • Dejáis de ser pareja pero no de ser padres
  • Pasar, ha pasado: en algún momento os quisisteis
  • Después del divorcio habréis cambiado, ninguna ruptura te deja en el mismo lugar en el que estabas. Aprovecha y cambia hacia una mejor versión de ti.

¿Para qué sirve la terapia si voy a divorciarme?

Los terapeutas de pareja os podemos ayudar a tres cosas:

1. A facilitar un espacio de comunicación en el que no haya enemigos (especialmente si os está costando llegar a un acuerdo amistoso)

2. A separaros poniendo a los hijos en primer lugar. Para ello os ayudamos a diseñar un buen Plan de Parentalidad (un documento que acompaña al acuerdo de separación en el que se pactan todos los aspectos relevantes en el cuidado de los hijos)

3. A acompañaros en el proceso de duelo que se va a iniciar en todas las personas implicadas en mayor o menor medida

Duelos múltiples

Existen tres situaciones que aumentan la probabilidad de sufrir depresión o ansiedad: la muerte de un ser querido, un divorcio y una mudanza. En los tres casos hay que realizar un duelo, es decir, se requiere que aprendamos a vivir sin esa persona, esa relación o ese escenario. Sin embargo, desde mi punto de vista, el divorcio es el que obliga a acumular más duelos, lo que va a incrementar la vulnerabilidad a la enfermedad. Los múltiples duelos podrían ser:

  • A la pérdida de la persona a la que quieres o has querido.
  • A la pérdida de la identidad que te ofrecía estar casado/a, porque sientes que ya no eres amable (querible)
  • A la pérdida de un determinado nivel de vida económico o de comodidad
  • A la pérdida de un modelo familiar compactado o estructurado para los hijos o para los abuelos
  • A la pérdida del éxito, sintiendo que separarse o divorciarse es un fracaso, porque se vive como una caída de prestigio personal o social. Aunque sabemos que ninguna separación se gesta de la noche a la mañana.

El proceso emocional del que nadie habla cuando hay un divorcio: culpa, rabia y miedo.

En todo conflicto, y un divorcio es conflictivo en su naturaleza, se movilizan emociones que nos alteran. Algunas de ellas, además, nos secuestran la capacidad de afrontar la ruptura con la fortaleza que se requiere. Así, podemos caer en la manipulación del otro para que no se vaya o para que se vaya pagando un alto precio (mental, emocional o financiero).

El triángulo dramático de Karpman  nos enseña que a través de ciertos roles (víctima, perseguidor y salvador) se puede manipular al otro para que actúe como tú quieres. Vinculando los roles de manipulación del triángulo dramático con las tres emociones más perversas –para uno mismo o para el otro – en una ruptura de pareja, existen tres focos emocionales peligrosos que van a boicotear cualquier avance en la ruptura:

  1. Si entiendes, explicas o describes la ruptura desde la culpa, porque tú sí que quieres separarte y tu pareja no; o porque no puedes dejar de pensar en el dolor que le vas a causar a tus hijos; o en el disgusto que le vas a dar a tus padres; entonces estás adoptando el rol de víctima (tú eres el centro y tu dolor cuenta más que el de los demás).
  2. Si entiendes, explicas o describes la ruptura desde la rabia, porque tu pareja quiere separarse y tú no; porque has aguantado mucho para que ahora esto se termine sin más; o porque sientes que es injusto; entonces estás adoptando el rol de perseguidor (tú eres el juez y tú decides la gravedad del delito).
  3. Si entiendes, explicas o describes la ruptura desde el miedo, porque no sabes cómo afrontar una nueva realidad; porque crees que no te van a volver a querer; porque piensas que no sabrás hacerte cargo de tu vida; entonces estás adoptando el rol de salvador (porque para que no cambie nada vas a tragarte la rabia y a potenciar la culpa de tu pareja).

Ideas para afrontar las emociones que se desencadenan en un divorcio

  • Decide de que 5 personas vas a promediar tus emociones y queda con ellas siempre que puedas. Me baso en una idea que popularizó Jim Rohn “somos la media aritmética de las 5 personas con las que pasamos más tiempo”. Significa que nos contagiamos de las pasiones, valores, emociones y defectos de los que nos rodean, así que elige de quien quieres contagiarte la fortaleza y el ánimo que requiere este proceso.
  • No proyectes tu autoestima y tu felicidad en el futuro, búscala en tu presente. Construye hoy los cimientos de la nueva versión de ti que quieres para tu futuro.
  • Actúa, lo suficiente para no perder el tono, pero no tanto que te distraiga de lo que realmente estás sintiendo. Actúa para conservar unos mínimos de alimentación, ejercicio, sueño y vínculos sociales.
  • Deja que un psicólogo te ayude a transitar por este proceso y que te ofrezca pautas para atender no sólo tus emociones sino las de tus hijos.
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