pareja en confinamiento

Una experiencia tan intensa, incierta e irregular como la que estamos viviendo puede llegar a cambiar los valores y prioridades de una persona y transformarla profundamente. A veces, en ese estado de transformación aparecen emociones incómodas como el miedo, la ira, la tristeza, la frustración, la confusión, la angustia… ¿Cómo estás viviendo el hecho de quedarte en casa? ¿Y tu pareja?. Si coinciden TU irritabilidad, SU irritabilidad y VUESTRA irritabilidad se triplicarán las chispas.

Confinamiento en pareja

Si pudiésemos medir el afecto en unidades de amor, el hecho de que te irrite todo lo que tu pareja hace, dice o piensa, indica que habéis gastado todas las unidades de amor que teníais ahorradas.

Para generar nuevas unidades de amor, podemos re-educar a nuestro cerebro para que se fije en las cosas que me gustan, que valoro y que son gestos de cariño de mi pareja. El truco consiste en condicionar a la mente para que libere substancias que generen bienestar cuando interacciones con tu pareja. Proponeos volved a hacer juntos aquello que antes –y ahora –os proporcionaba placer.

Los lenguajes del amor

No todos expresamos nuestro afecto de la misma manera. Saber leer el lenguaje de amor de tu pareja, te va a ayudar a ser más sensible a sus gestos cariñosos. Diferentes lenguajes son: el contacto físico (caricias, besos, abrazos) las palabras amorosas (halagos, apoyo, afirmaciones), el tiempo de calidad (prestándote absoluta atención mientras comparte ese tiempo contigo), los regalos (grandes y pequeños), y los actos de servicio (tareas que haces porque quieres al otro que, si no, no lo harías).

confinamiento en pareja

¿Qué le gusta a él? ¿Qué le gusta a ella? ¿Cómo se siente apoyado/a? ¿Cómo prefiere que le tranquilicen?. Haz más de lo que realmente funciona y menos de lo que te gustaría que funcionara. Sentir que el otro te comprende y valida tu punto de vista –aunque no esté de acuerdo –es un bálsamo para las emociones negativas.

Cuarentena sin hacernos daño

Tu pareja es la persona a la que más quieres ¿no? Y sin embargo, puedes llegar a decirle cosas muy hirientes y desagradables cuando explotas. Por otro lado, evitar hablar de asuntos importantes es como caminar sobre arenas movedizas, en cualquier momento se tragarán vuestra voluntad de fingir que vuestras diferencias son sólo ligeras molestias propias de la convivencia.

Aprender a hablar y a escuchar con el objetivo de comprender, validar, negociar e intimar con tu pareja, son súper poderes que mejoran la comunicación en cualquier relación (sea de pareja o no). Incluso cuando no encontramos una buena solución al problema planteado, podemos aprender a hablar sin hacernos daño.

Las dificultades o tensiones que se viven fuera de la pareja pueden acabar siendo el tema de conversación con la pareja. Puede que mi pareja no se sienta escuchada porque descuido validar cómo se siente, no porque no la quiera. Sin embargo, su frustración puede alimentar la mía y acabar engordando la nuestra. Así que, con tanta tensión, acabaremos haciendo cosas juntos físicamente pero no emocionalmente.

Observa qué está haciendo tu pareja y si te apetece y es pertinente, ofrécele tu ayuda –para estar activamente juntos en el mismo espacio físico. Por ejemplo, puedes ofrecerte para hacer la cena juntos o para hacer algo de deporte juntos o para conversar un rato juntos.

La reactividad en la convivencia

Los sabios taoístas describen al hombre como Fuego –prende rápido pero dura poco –y a la mujer como Agua –lenta para hervir pero también lenta para enfriarse. Son dos estilos de reactividad (que atribuyo a la provocación del otro) muy diferentes.

Reconocer el estilo de cada miembro de la pareja permite ajustarse  en los tempos, de manera que se pueda dejar pasar el momento álgido y encontrar el momento óptimo para proponer la reconciliación o para retomar las negociaciones.

El control emocional se pierde tras una escalada de conflictos no resueltos. Explotar, gritar, despreciar, criticar, ironizar, insultar, mirar con ira, distanciarse, culpabilizar, llorar, chantajear, amenazar, boicotear, consumir tóxicos, agredir… todo eso se puede amortiguar si ponemos altos –ofrendas de paz– durante la escalada. Para poder hablar de temas difíciles o en un estado de ánimo irritable, necesitamos tener claras nuestras metas comunicativas a largo plazo: ¿qué quiero decirle realmente?. Si nos focalizamos en el objetivo inmediato de reducir la tensión o la emocionalidad negativa perderemos nuestro objetivo a largo plazo de comunicar nuestro desacuerdo con amabilidad y firmeza.

Recuerda quién es el otro

En los momentos de mayor tensión podemos reducir el conflicto si recordamos las características positivas del otro. Si cada día escribimos una especie de diario sobre lo que más nos gusta de nuestra pareja, lo tendremos muy fresco en la mente cuando lo necesitemos para no descontrolarnos. Una vez lo hayáis escrito, dejáoslo leer el uno al otro. Validaréis al otro desde la ternura.

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