La depresion es un trastorno
La depresión: un trastorno psicológico con aires de epidemia
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Los cálculos más optimistas hablan de un 20 % de personas con riesgo potencial de sufrir una depresión mayor o severa en algún momento de su vida. La depresión es un trastorno psicológico muy serio, que puede llegar a invalidar la vida de la persona que lo sufre, a su familia, perder el trabajo, amigos, e incluso en algunos casos optar por el suicidio como única salida viable.

 

Iniciamos una serie de dos blogs en los que hablaremos de la depresión. El en primero hablaremos de sus causas e implicaciones. En el segundo, los diferentes tipos de tratamiento.

 

¿Qué es la depresión?

 

Cuando en psicología y psiquiatría se habla de depresión, no tiene nada que ver con ese concepto cotidiano y popular de “estoy depre” para referirnos a un estado de “bajón”, con poca energía, tristes o con poco ánimo y que sucede de forma puntual.

 

Esos síntomas, que se tratan a veces con ligereza, se multiplican en cantidad e intensidad en las personas que sufren depresión.

 

En la depresión se unen una serie de síntomas que la definen y que pueden ser:

  • tristeza patológica: la tristeza que vive la persona se prolonga de manera casi crónica o bien tiene una intensidad desproporcionada a la experiencia vivida)
  • apatía (desinterés por la mayoría de actividades que antes eran estimulantes)
  • anhedonia (dificultad para experimentar placer)
  • desesperanza
  • decaimiento
  • irritabilidad
  • sensación subjetiva de malestar e impotencia frente a las exigencias de la vida

 

Para considerar un diagnóstico de depresión mayor, según el manual de criterios diagnósticos (DSM-V) es necesario hallar los siguientes síntomas a lo largo de al menos dos semanas:

  1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días,(p. ej., se siente triste, vacío o sin esperanza) o de la observación por parte de otras personas (p. ej., se le ve lloroso)
  2. Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades
  3. Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso; disminución o aumento del apetito.
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
  6. Fatiga o pérdida de la energía casi todos los días.
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpabilidad excesiva o inapropiada
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días (a partir de la in- formación subjetiva o de la observación por parte de otras personas).
  9. Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.

 

Existe una creencia, absolutamente infundada y errónea, de que las personas que sufren este problema son personas “flojas”, “débiles de carácter”, “pusilánimes”, y que si eres un individuo fuerte mentalmente estás a salvo de tener un episodio depresivo. Sería tan ingenuo como pensar que por el hecho de no fumar y no beber y hacer deporte, estoy a salvo de contraer un cáncer.

Un temperamento estable puede ayudar a no sufrir depresión, pero no necesariamente nos aísla o protege de ella.

 

Aunque hemos enumerado los síntomas de la depresión mayor, a veces también llamada depresión profunda, existen diferentes grados en función de la intensidad y/o duración de los síntomas.

 

depresion

 

Entonces, ¿estoy triste o tengo depresión?

 

A menudo se asocian ambos conceptos e incluso se equiparan, por lo que sería bueno aclararlos.

 

La tristeza es la reacción con la que nuestro cerebro se adapta y procesa una experiencia de pérdida. Pérdida en todos los sentidos. La tristeza funciona igual cuando muere un ser querido o cuando tienes cinco años y pierdes tu juguete favorito. Puedes tener un desengaño o una ruptura amorosa o un despido. Incluso las diferentes etapas de nuestro ciclo vital implican momentos de pérdida y renovación. Sentir añoranza por otras épocas de la vida o encontrarse en una pequeña crisis personal cuando te das cuenta de que tu vida no está funcionando como tú esperabas son motivos también de tristeza más o menos intensa o duradera.

Pero la tristeza es una emoción, por tanto no funciona el cien por cien del día y convive con otras emociones, como sucede en la vida normal. A alguien le puede parecer raro, e incluso inadecuado, que tras despedir a un ser querido, se produzcan momentos de risa. Sin embargo es perfectamente normal y adaptativo. Incluso en experiencias de pérdidas muy duras y significativas, como la muerte de un hijo o de una parte de la familia en un accidente, el tiempo va devolviendo a nuestro cerebro un cierto nivel de cotidianidad y rutinas que nos ayudan a seguir adelante. De la misma manera que la evolución ha proporcionado a nuestro cerebro la capacidad de estar tristes como un espacio para procesar el dolor que implica la pérdida y permitir recuperarnos, sabe que mantener un estado emocional de forma permanente genera un alto nivel de desgaste. Por tanto, no sólo es normal, sino sano y adaptativo que se sucedan las diferentes emociones a lo largo del día.

 

Cuando la tristeza se hace permanente puede llegar la depresión

 

Puede suceder que la persona que sufre una situación de pérdida no encuentre los mecanismos y estrategias propias para procesar el dolor y seguir adelante. Viéndose incapaz de encontrar una salida válida para él o ella, la persona empieza a desarrollar una sensación de vacío, de angustia al no ver la salida y se queda paralizado, desmotivado para seguir adelante e inconscientemente toma la decisión de no moverse o hacer lo menos posible, ya que a fin de cuentas, ¿para qué?

Sin embargo, no todo aquel que está siempre triste desarrolla una depresión. Existen personas que transitan por la vida con una tristeza vital que les resulta lo suficientemente funcional como para seguir con su día a día. Incluso, aunque pueda parecernos descabellado, hacen de la tristeza su seña de identidad y se identifican más frecuentemente con esa emoción.

Lo que sí parece coincidir en la mayoría de las personas con depresiones esa dificultad para ver el vaso medio lleno. Sus reflexiones circulan alrededor de “no se puede hacer nada”, no hay salida válida” o “ no valgo o no puedo salir de esto”. Transformada una creencia en certeza, existe una gran dificultad en rebatirla y las personas con depresión pueden llegar a ser tremendamente hábiles en refutar y confrontar los argumentos más vitalistas y positivistas de la quienes intentan ayudarles.

 

Sobre las causas de la depresión

 

Es difícil establecer causas concretas que valgan para todo el mundo. Si eso fuera posible, podría prevenirse y curarse o solucionarse. Pero esto no funciona así. Lo cierto es que los factores que provocan una depresión pueden ser múltiples, diversos y no necesariamente relacionados entre sí

 

Factores biológicos de la depresión: genes y bioquímica

Desde el enfoque más puramente biologicista, existe una clara preferencia por creer que hay desajustes químicos en nuestro cerebro que desembocan en una depresión. Bien sea por cuestiones genéticas (existirían algunos genes que podrían predisponer a la aparición de la depresión) o bien ambientales (tóxicos, mala alimentación…), la teoría biológica o médica propone la prescripción de fármacos para mejorar o curar la depresión. Aunque algunos pacientes mejoran exclusivamente con la administración de antidepresivos, las causas contextuales a esa mejora pueden ser pasados por alto, con lo que finalmente no sería sólo el psicofármaco el que ha influido en la mejora.

Dentro de los fármacos existe una particularidad y es el rango de acción de estas substancias y es que el plazo que se propone para poder notar sus efectos suele rondar las tres semanas de ingesta, una espera que a muchos pacientes puede desesperar.

 

causas depresión

 

 

Aprovecho también para comentar un aspecto de la prescripción de fármacos: actualmente, tanto los antidepresivos como los ansiolíticos pueden llegar a recetarse por el médico de cabecera que en unos pocos minutos y sin formación psiquiátrica, pueden diagnosticar una depresión simplemente porque un paciente les comente que está un poco más triste estos días. Los psicofármacos son algo mucho más serio que eso. Es necesario que el diagnóstico lo realice un psicólogo o una psiquiatra y en cualquier caso, sólo estas últimas podrán recetar medicación que además deberá controlarse al mismo tiempo que la evolución de la depresión.

 

 

Factores fisiológicos: la importancia de la alimentación y las hormonas

 

La irrupción hace unos años ya de una disciplina de la salud conocida como psiconeuroinmunología ha abierto la puerta a causas de la depresión basada en aspectos relacionados con factores inflamatorios, estilos alimentarios y algunas intolerancias a determinados nutrientes. (Nuestra compañera Noemi Domínguez puede darte más información al respecto y aclararte dudas)

Fue un caso que tuve en consulta que me hizo replantearme la depresión como problema exclusivamente psicológico. Una mujer de 60 años llevaba prácticamente toda su vida con síntomas depresivos que fluctuaban en intensidad, pero que le impedían tener una vida feliz y plena. Aunque algunos de los abordajes terapéuticos la ayudaros a estar mejor, fue el hecho de descubrir que era celíaca lo que le cambió la vida. Ahora podía entender el porqué de su falta de energía y además -y esto fue tan importante o incluso más- le permitió dejar de culparse por no ser capaz de estar bien. Los dos factores influyeron en su mejoría.

 

Se ha visto que algunos procesos y factores inflamatorios pueden afectar a la síntesis del 5HT, un precursor de la serotonina que se cree que está directamente implicada en los síntomas de la depresión.

 

También la síntesis de vitamina D puede influir en el estado de ánimo. La incidencia de la depresión es mayor en los países con menos horas de luz, debido a que sus habitantes no pueden sintetizar esta vitamina que aunque se ingesta a través de diferentes alimentos, necesita de la luz del sol para completar su ciclo.

 

Factores de personalidad

 

Estableciendo la personalidad como un constructo psicológico que hace referencia a un patrón de comportamiento estable, se considera que existen personalidades que por su temperamento tienen tendencias depresivas, es decir un funcionamiento depresivo, donde los síntomas de la depresión aparecen de forma individual, sin ninguna relación específica y congruente con una situación externa que a la mayoría de gente le parecería coherente con la aparición de una depresión.

 

Factores contextuales: pérdidas personales

 

Parecería de perogrullo decir que una pérdida importante en la vida de una persona puede generar un estado depresivo. Sin embargo volvemos a recalcar la diferencia entre tristeza y depresión. La tristeza es la emoción coherente con situaciones como la muerte de un ser querido, un despido, un abandono amoroso… La depresión aparece cuando la persona no puede o no sabe salir de ese estado de tristeza y se mantiene de forma constante en el tiempo hasta convertirse en un estado depresivo.

 

Factores cognitivos: cómo vemos el mundo

 

El psicólogo Aaron Beck y sus colaboradores plantearon la teoría de que la depresión de podía producir porque la persona tenía una serie de distorsiones cognitivas que le hacían ver el vaso siempre “medio vacío”. Estas distorsiones influyen en cómo nos relacionamos con la vida misma, y por tanto, cambiando el marco de estas creencias negativas a través de la terapia, la persona depresiva puede mejorar su estado.

 

Factores culturales: ¡prohibido estar mal!

 

Nuestro entorno social occidental prohibe tácitamente el estar mal. El estigma de la depresión como un problema o trastorno asociado a personas débiles de carácter, como comentábamos antes, hace que sea un problema que genera rechazo entre quienes tienen cerca a alguien que la sufre.

 

La percepción de sentirse solos, aislados y que además están generando malestar entre su entorno más cercano, suele ayudar a mantener o empeorar ese estado de ánimo.

Las expectativas sociales de ser un miembro productivo que hace frente a las situaciones adversas con relativa facilidad no son tampoco una buena referencia para la persona con síntomas depresivos.

 

Durante todo este blog hemos evitado hablar de la depresión como una enfermedad y de las personas con depresión como depresivas. Desde nuestra perspectiva, la depresión es más un problema o trastorno que no una enfermedad. La enfermedad se asocia rápidamente con factores biológicos prácticamente en exclusiva, así que social y culturalmente se interpreta la depresión como algo que puede ser solucionado o arreglado con medicación o cirugía. De hecho, sí existen intervenciones quirúrgicas para la depresión. Hablaremos más de ella en la segunda entrega de este blog.

 

También la identificación de quien sufre depresión como “depresivo” o “trastornado” puede dificultar la intervención terapéutica. A menudo la identificación genera un nivel que llamamos “ de identidad” en el que la persona es, y por tanto es un hecho o estado inamovible o muy difícil de cambiar. Terapéuticamente intentamos cambiar la visión de “depresivo” a alguien que tiene problemas relacionados con la depresión”. Aunque al lector le pueda parecer baladí, para el cliente que acude en general a buscar ayuda de un psicólogo, marca una diferencia muy importante. No es lo mismo “soy alcohólico” que “tengo problemas con la bebida” o “Soy un fóbico social” que “me cuesta relacionarme con la gente” Como veremos en la segunda parte, operativizar el problema y darle al cliente una visión de su situación como un proceso en lugar de un estado ayuda a generar caminos de salida para muchos problemas psicológicos.

 

Las soluciones intentadas: cómo nos relacionamos con los síntomas

 

La teoría que proponemos en terapia breve tiene más que ver con cómo la persona y su entorno intentan resolver la depresión que su propia etiología.

 

 

Inicialmente podemos sufrir un estado de tristeza, como hemos comentado antes. En un esfuerzo por mejorar de ese estado de tristeza que se supone que debería superarse en un tiempo concreto, la persona empieza a hacer esfuerzos por “no sentirse triste y estar mejor”. Dado que la tristeza es una emoción adaptativa que nos proporciona un tiempo para recuperarnos de una pérdida, – y que no olvidemos, es variable- esa persona no puede superarlo “tan fácilmente como se suponía que debía ser”. Al darse cuenta que no puede sentirse mejor de manera voluntaria, empieza a sentirse más incapacitada, lo que le produce un estado de aún mayor tristeza que, siguiendo ese círculo vicioso, acaba desembocando en la depresión.

 

Además, el entorno de la persona deprimida, en un intento por ayudar, proponen soluciones para salir de ese estado que suelen tener que ver con animarse, sonreír, mirar el lado positivo de las cosas, proponerse hacer actividades placenteras… El paciente con depresión, aunque sabe que es lo que debería hacer, se encuentra incapaz de hacerlo, con lo que se añade a la propia percepción de incapacidad, la percepción de que está fallando a los demás, y se siente culpable por no superarlo. Otro buen motivo para sentirse aún más depresivo.

 

Aunque en este blog hemos abordado las principales cuestiones sobre la depresión mayor, existen tipificados diferentes problemas o trastornos del estado de ánimo.

Por ejemplo, encontramos la depresión post parto, algunas formas de angustia o crisis existencial, el trastorno bipolar o cuadros ansioso-depresivos.

Abordaremos estos temas más específicos en futuros blogs.

 

En la segunda parte de este blog, hablaremos de los diferentes abordajes para tratar la depresión y las controversias que se generan relacionados con la efectividad de cada uno, para que nuestros seguidores puedan valorar cúal puede ser más indicado para ellos.

 

Un saludo

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