Las emociones en la anorexia y la bulimia
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La Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa son dos TCAs «Trastornos de la Conducta Alimentaria y de la ingesta de alimentos» recogidos en el DSM V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), es decir, en el manual de criterios diagnósticos de los trastornos mentales.

La Anorexia Nerviosa es una enfermedad que cursa con un severo rechazo a mantener un peso adecuado, miedo intenso a engordar y alteración de la percepción de la silueta corporal.

La Bulimia Nerviosa es una enfermedad que se expresa con episodios de atracones de comida, tras los cuales se efectúan conductas compensatorias inapropiadas seguidas de sentimientos intensos de culpa o de vergüenza, que ocurren por lo menos una vez a la semana, y que comporta que la autoevaluación esté indebidamente influida por la forma y el peso corporal.

En ambos casos pueden darse conductas compensatorias (de purga –vómitos, laxantes, diuréticos, enemas- o restrictivas –ejercicio intenso o ayunos). Así que las diferencias específicas son:

  • El peso es excesivamente bajo en la Anorexia (puede llegar a estar un 85% por debajo de lo adecuado); en cambio, en la Bulimia, suele observarse un peso más normalizado o incluso puede haber sobrepeso.
  • Las personas anoréxicas, mantienen o disminuyen su peso a lo largo del tiempo, mientras que es frecuente que las personas bulímicas oscilen entre subidas y bajadas de peso (entre una y tres tallas) cada pocos meses.
  • Cuando la Anorexia cursa con atracones (en un atracón se percibe que se ha perdido el control sobre las porciones o sobre el tipo de comida) la cantidad de comida del atracón es mucho menor a lo que comería una persona normal (aunque mayor de lo que come una persona anoréxica habitualmente). En cambio la cantidad de comida de los atracones en la Bulimia es bastante superior a la ingesta de una persona normal y ocurre en muchas más ocasiones que en la Anorexia.
  • Normalmente, las personas con Anorexia evitan comer en público (inclusive comer en familia) para esconder que, en realidad, no comen. Por el contrario,  las personas con Bulimia pueden comer en público, incluso comida poco sana, porque saben que luego van a utilizar la purga para “compensar”.
  • La edad de inicio también suele variar entre estos dos trastornos, la Anorexia suele darse a principios de la adolescencia y la bulimia suele aparecer al final de la adolescencia

¿Cómo puede afectar el contexto que nos rodea a la Anorexia y la Bulimia?

Contexto familiar

La Anorexia y la Bulimia son trastornos con causas multifactoriales si bien el contexto familiar suele ser un factor a tener en cuenta. Las personas que desarrollan un TCA tienen problemas con la regulación de  sus emociones. Emociones que, en algunos casos, no se han podido expresar de forma satisfactoria en un ambiente familiar poco estimulante, restrictivo o con grandes demandas acerca de los logros. También puede darse el caso de que sean personas que hayan crecido en un entorno que no ha sabido responder adecuadamente a sus altas capacidades académicas o en un entorno negligente con sus necesidades de atención y cariño.

En los antecedentes familiares de personas con TCA es habitual encontrar que han convivido con familiares obesos, con sobrepeso, impulsivos, lábiles o adictos. O con personas obsesionadas con la delgadez, que tenían o tienen patrones alimentarios alterados o que presentan psicopatología depresiva y/o obsesiva.

Contexto social y personal

Actualmente, el concepto de  “vida fitness” que promueve un estilo de vida más sano en la población normal, podría generar una asociación disfuncional entre una imagen física delgada y el éxito social, en personas vulnerables a desarrollar Anorexia o Bulimia.

En nuestra consulta, cada vez atendemos a más personas que, sin tener específicamente un trastorno de la conducta alimentaria, sí que presentan algunos síntomas o que tienen una mala relación con la comida. Vienen a terapia en busca de apoyo psicológico para mantener sus dietas, ya que no logran su objetivo de pérdida de peso, a pesar de sus grandes esfuerzos. Cuando la dieta o el ejercicio (aspectos centrales de la vida “fit”)  requieren de una extrema rigidez para lograr los objetivos, deja de ser un placer cuidarse y se convierte en una prueba de resistencia, no solo deja de ser sano sino que entraña el riesgo de activar un TCA. Acompañamos a personas que cuando dejan de hacer dieta o ejercicio intenso, sienten que han perdido los límites y/o que han perdido el control de tu vida.

Se ha encontrado que hacer dieta en un momento de la vida desfavorable (por ejemplo, en periodo de exámenes o tras una ruptura sentimental), incrementa el ansia por la comida, lo que aumenta los estados motivacionales defensivos del organismo (por ejemplo, calmar la ansiedad con alimentos ricos en azúcar) y, con todo ello, se dispara la vulnerabilidad a sufrir sintomatología bulímica y, en última instancia, crece la probabilidad de desarrollar un TCA.  

 ¿Qué sabemos de las emociones y la Anorexia y la Bulimia?

Las emociones son expresiones físico-químicas que nos dan información sobre nosotros, los otros o el medio. Personalmente, me inclino a definir las emociones como pensamientos somatizados, es decir, conjeturas mentales de reacciones físicas (por ejemplo, percibo tensión en el estómago y en ese momento, le atribuyo el significado de que estoy nerviosa).

En el caso de la relación entre las emociones y la Anorexia y la Bulimia, existe evidencia sólida que muestra que las dificultades para reconocer, identificar y expresar adecuadamente las emociones es el factor más predisponente para a desarrollar un TCA así como para incrementar la resistencia al cambio que dificulta su recuperación. Las personas que sufren estos trastornos de la alimentación están tan centradas en sus emociones negativas que no se relajan lo suficiente como para conseguir disminuir las señales de estrés en su cerebro.

Al comparar las características emocionales de mujeres con TCA y mujeres sin, se ha observado que las primeras muestran mayor dificultad para identificar y describir sentimientos (síntoma principal de la alexitimia) y expresan formas más inadecuadas de funcionamiento emocional (principalmente: evitación, escape y negación), con lo que no pueden gestionarse emocionalmente de forma sana.

Hay autores [referenciados en el artículo de Calvo et al. (2014)] que proponen que en la Anorexia, la restricción excesiva de alimentos serviría para reducir las emociones negativas a través de un mecanismo de control que adquiere propiedades de refuerzo negativo (se fortalece una conducta -no comer- al eliminar un resultado desagradable -ansiedad, culpa, vergüenza, etc.). Y en la Bulimia, el atracón se utilizaría como medio de distracción o alivio de dichas emociones negativas.

¿Qué emociones se ocultan detrás de la Anorexia y la Bulimia?

  • Detrás de la Anorexia

Se ha observado que las conductas compensatorias (como hacer dietas muy restrictivas o los atracones con vómitos) ayudan a las personas anoréxicas a controlar aquellas emociones que sienten como abrumadoras e intolerables (como la ira, la tristeza y la vergüenza). La vergüenza y la autocrítica destructiva son dos características típicas de las personas anoréxicas por lo que un tratamiento efectivo debería tratar y aliviar las emociones negativas que están detrás de la Anorexia

Existe evidencia que apoya un modelo por lo cual las personas que viven con un acentuado temor a la evaluación negativa usarían conductas restrictivas (como dejar de comer o obsesionarse con engordar o hacer ejercicio intenso) para aumentar su posición social en su grupo de iguales. Si este mecanismo no es suficiente, estos individuos podrían desarrollar síntomas bulímicos para resolver su temor a la evaluación negativa.

  • Detrás de la Bulimia

Los factores que mejor explican la relación entre el ansia por la comida y la práctica de atracones son: un estado emocional negativo (por ejemplo, la culpa) y la restricción alimentaria (por ejemplo, la dieta). Los atracones se pueden utilizar como un medio de distracción o de alivio de estados de ánimo negativos (por ejemplo, ansiedad, tristeza, aburrimiento) y, a su vez, las emociones negativas pueden reducir la capacidad para mantener el control sobre la ingesta. Así, las personas que padecen Bulimia buscan hacer dieta o compensar como un medio para evitar sentimientos negativos derivados tanto del consumo excesivo de comida, como de otros aspectos de su vida cotidiana (por ejemplo, la frustración, el estrés, la fatiga).

¿Cómo podemos ayudarte si tienes una mala relación con la comida?

  • Para dejar los atracones, podemos enseñarte  a expresar las emociones de otra forma que no sea a través de la comida.
  • Para mejorar tu imagen corporal, podemos enseñarte a leer las reacciones que se producen en tu cuerpo desde más escenarios que desde el hambre y la saciedad, por ejemplo, desde el cansancio, el estrés, los cambios estacionales, las necesidades nutricionales, etc.
  • Para manejar la presión social o los comentarios críticos podemos ayudarte a sanar tu autoestima
  • Podemos ayudarte a dejar de sentirte culpable por tu enfermedad (eres responsable de hacer todo lo posible para recuperarte pero nunca serás culpable de tener un trastorno)
  • Te damos un espacio para hablar de todo lo que sientes y piensas, de tus gustos y deseos, sin juicio.
  • Te acompañamos a descubrir que, a pesar del impacto negativo que tiene tu voz crítica, ésta también ha cumplido una función protectora, porque te ha ayudado a soportar momentos y emociones difíciles en su vida

¿Cómo puedo utilizar las emociones para sentirme mejor?

Te propongo dos ejercicios que puedes utilizar siempre que quieras, no solo en relación con la comida:

  • Primero, escucha tus emociones negativas sin evitarlas ni huir de ellas. Segundo, reinterprétalas como estados positivos: por ejemplo, siente el miedo, la ira, la tristeza, etc. y después transfórmalo en entusiasmo, rebeldía, serenidad, etc. Se trata en cambiar la etiqueta que le pones a la respuesta física de tu cuerpo (aceleración del corazón, nudo en la garganta, escalofríos…) frente a un estímulo doloroso (rechazo, crítica, insulto…) externo o interno, pasando de la creencia de que estás experimentando una emoción negativa a que, en realidad, estás experimentando un estado positivo.
  • Sé compasivo o compasiva en tu diálogo interno entre tu parte crítica y tu parte criticada. Háblate, como mínimo, tan bien como le hablarías a tu mejor amigo o amiga. Sin lástima, con cariño.

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