La culpa: sentirse mal para sentirse bien
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¿Un poco paradójico el título, no? ¿Cómo voy a sentirme bien sintiéndome culpable? A fin de cuentas, la culpa está destinada a castigarme por mis actos, así que, ¿debería sentirme mal, no?

Sentirse culpable para expiar la culpa

Y así es. Cuanto peor te sientas, cuanto más te castigues, cuanto más te tortures por tus actos, ¡mejor! Y si además puedes sentirte mal por los actos ajenos, ya eres cinturón negro en culpabilidad.

A fin de cuentas, la culpa es un sentimiento diseñado para que tú mismo controles tus actos: eres policía, juez, cura y verdugo. Todo en uno.

Aún y no teniendo una educación religiosa, la culpa se filtra en todos los estratos de nuestra cultura y por tanto, convive de forma habitual con nosotros. Genera discusiones en el ámbito de la teología, la filosofía y por supuesto en psicología, como disciplina destinada a minimizar el sufrimiento humano.

Por ser la culpa de origen religioso, debes esforzarte en no sentirte bien. Cuanto más culpable te sientas, más redención merecerás, con lo cual estarás más cerca de lo divino.

Así que, sí: las personas se sienten culpables para ser merecedoras del perdón eterno. La culpa necesita arrepentimiento, darte cuenta de que aquello que has hecho ha podido afectar negativamente a alguien y lamentarse por ello (que te sepa mal) y expiación, sufrir un castigo por el mal cometido para poder purgar la culpa. Volveremos sobre estos conceptos cuando hablemos de como solucionar la culpa.

En una ocasión, pregunté a una paciente cuál creía que era el propósito de su culpa. Me respondió de forma irrefutable: “si no me sintiera culpable, no me sentiría humana.”

¿Cómo hacer para sentirse culpable?

Lo primero es hacerte creer que tienes control sobre todos los acontecimientos que te rodean; ergo lo puedes controlar todo, ESTÁS OBLIGADO a hacerlo. Si algo que podías haber controlado se tuerce, es que no has hecho todo lo que estaba en tu mano, ergo, si no has hecho todo lo posible, al final lo que ha sucedido es culpa tuya.

¿Te vas sintiendo ya un poco culpable? ¿A que es fácil caer si te obsesionas un poco con ello?

Nuestra capacidad empática y nuestra sensibilidad hacen que en muchas ocasiones suframos por el dolor ajeno. Y es normal. Somos una especie gregaria y por tanto es importante conectarnos con las emociones de nuestros congéneres. Pero una cosa es conectarnos y otra, hacerlas nuestras.

Cuando empezamos a creer que podemos mitigar el sufrimiento del otro, empezamos a tener un doble sufrimiento: nos sabe mal por cómo lo está pasando la otra persona y sufrimos por no poder hacer nada. Y es esa segunda parte la que hace que nos sintamos culpables.

En nuestra sociedad actual, hemos aprendido a mirar hacia otro lado, para intentar disminuir ese sufrimiento; pero el resultado es desigual.

¿Quieres no sentir culpa? ¡Pues hazte banquero (o político)!

Probablemente estés sintiendo náuseas de poder imaginarte a ti mism@ pensando eso; pero por increíble que parezca, a quien lo consigue le resulta tremendamente relajante y desculpabilizador.

Quienes tienen la capacidad de no sentirse culpables han conseguido instalar justo la creencia contraria: “que cada palo aguante su vela”. Si esa persona es desahuciada, seguro que calculó mal su hipoteca”; “ si ese inmigrante se ahoga en el mar, que no hubiera intentado cruzarlo”. Son grandes maestros en culpar al otro. Porque siempre existe esa posibilidad: renunciar a tu responsabilidad culpando de todo al otro.

Encontrar a alguien a quién culpar de lo que te ha pasado, te permite descargarte de la responsabilidad (y la lata) de tener que resolverlo.

Los grandes sufridores de culpa: los superhéroes

Si crees que no puedes sentirte más culpable, imagínate que tuvieras superpoderes y creyeras con más certeza, que puedes salvar el mundo… pero no lo consigues. Hiel sobre hojuelas. (Sí, lo has leído bien, “hiel”: sentimiento de amargura o pena intensa)

La mitología nos muestra cómo los héroes son los grandes sufridores de culpa en la mayoría de culturas. Por tanto, si quieres sentirte un héroe, deberás sentirte culpable de todo aquello que no puedas salvar. Y ¿a quién no le gustaría ser un héroe? Sí, vale, es un inconveniente sentirse culpable por cada muerte, cada víctima, cada fracaso. Pero siempre tendrás a alguien que te pondrá la mano en el hombro y te dirá: “no fue culpa tuya”. Sólo un verdadero héroe renegará de tal idea y se esforzará en sentirse más culpable aún.

La culpa en la vida moderna

Aunque vivimos bastante desconectados de la religión, la culpa sigue siendo un sentimiento que nos acompaña en la vida moderna. Ahora ya no debemos rendir cuentas a ningún dios ni sus representantes en la tierra, pero seguimos teniendo una intensa sensación de culpabilidad.

¿Por qué?

Algunos autores hablan de la culpa existencial. La idea de que no llegue a ser aquel que estaba destinado a ser, no despertar y explotar todo mi potencial. En esa búsqueda de la plenitud, de sentir lo que Maslow llamó “autorrealización” vivimos nuestros días buscando aquello que nos pueda completar.

  • ¡Sé la mejor versión de ti mism@!
  • ¡Consigue ser aquello que estás destinad@ a ser!
  • ¡No debes rendirte nunca!
  • «El valor de una persona es el resultado de sumar sus habilidades y sus conocimientos, y multiplicarlos por su actitud. Así que aprende a mejorar tu actitud» (el horror)

Los héroes actuales son los emprendedores, los que se arriesgan, los que “salen de la zona de confort”. Incluso aquellos que desafían las normas establecidas y que consiguen resultados que el resto de los mortales nunca podríamos ni soñar (de ejemplos de triunfadores que han dejado a medias sus estudios y han conseguido crear una multinacional, por ejemplo, de informática, está en planeta lleno). Sólo necesitas fijarte en el arquetipo del héroe de las películas de acción, rebelde, solitario, con dificultad para hacer caso a las figuras de autoridad y seguir las normas. Sólo, él/ella, que rompe lo establecido, consigue triunfar donde los seguidores de normas fracasan.

Un mensaje un tanto contradictorio, vive diós.

¿Cómo me quito la culpa de encima? Culpa y responsabilidad

Algunas escuelas diferencian entre culpa sana y culpa neurótica. A mi me suena a lo de “crítica destructiva” y “crítica constructiva”. Al final, todo es crítica.

Dado que la culpa es un sentimiento muy paralizante, prefiero hablar de responsabilidad vs. culpa.

Responsabilidad es, en esencia, la capacidad de responder. Podemos dar respuesta a las consecuencias de nuestras acciones, para sentirnos liberados de sus efectos y tener la sensación de controlar, al menos, la solución al problema generado, habitualmente de forma involuntaria. Asumir la responsabilidad te proyecta hacia adelante (qué puedo y qué voy a hacer), mientras que la culpa de deja anclado en lo sucedido (miro hacia atrás, intento ver qué hice mal o porqué no pude evitarlo, pero no resuelvo nada).

Además, existe una pequeña trampa que algunos culpables ponen en marcha: el sentimiento de culpa es a la vez, castigo y perdón. Así es, algunas personas con sentimiento de culpa, lo usan al mismo tiempo como forma de intentar expiar la culpa. Por ejemplo, alguien que se siente culpable por darse un atracón, se castigará restringiendo la comida, o pasando 3 horas en el gimnasio, pero es un castigo autoimpuesto que al mismo tiempo resuelve el problema que intenta resolver, por tanto, no es un auténtico castigo. Un castigo que podría imponerse en este caso sería que por cada atracón, esté obligado a comer por ejemplo, dos pizzas más. El castigo y la forma de expiar la culpa viene impuesto desde fuera y por tanto deja de ser cómodo para la persona culpable.

Un apunte final: la culpa cuando aún no estamos preparados para gestionarla.

Recientemente hemos participado en un taller sobre abuso sexual infantil. Entre los muchos desmanes que cometen los abusadores, uno de ellos es co-resposabilizar perversamente al niño o niña abusado que se encuentra en una situación donde no tiene la capacidad de responder de forma sana y adecuada.

Además, el abusador le coloca en una situación que en psicología llamamos “doble vínculo” (lo que de forma común conocemos como “ni contigo ni sin ti”.

La víctima de abuso sabe que lo que está pasando está mal, pero piensa que si lo dice, podrá afectar a la gente de su entorno (las cifras son escalofriantes: el 90% de los abusadores son del entorno cercano al niño y hasta el 40% son los propios padres), y si no lo dice, sigue teniendo la sensación de que está obrando mal, o peor aún permitiendo que siga sucediendo.

Muchas de las personas abusadas en su infancia crecen creyendo que hubieran podido hacer algo para evitarlo, ya que el abusador se ha encargado de hacerles creer que es una elección suya.

Los que hayáis visto “El indomable Will Hunting”, recordaréis la última sesión del personaje encarnado por Matt Damon con Robin Williams que interpretaba a su terapeuta. En esta escena, el terpeuta, al saber que el pequeño Will fue maltratado de manera cruel, le repite de forma acogedora y compasiva “ no fue culpa tuya”, hasta que el protagonista puede procesarlo y rompe a llorar, sintiéndose por fin perdonado.

Y es que, al final, liberarse de la culpa reside en la capacidad de perdonar, de perdonarse y sobre todo, la tarea más difícil: aceptar el perdón. Entonces y sólo entonces, nos liberamos de la culpa.

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