Internet ha convertido el acceso a al pornografia -y a la prostitución- en una tarea fácil. En cifras, el 50% de las personas de entre 14 y 17 años consumen pornografía en internet regularmente, sin ningún tipo de filtro. Lejos queda esconder el Penthouse entre las páginas del periódico.

Tus hijos e hijas ven pornografia, o la verán pronto si tienen más de 8 años. Ya sea porque en algún momento ellos la busquen, ya sea porque algún compañero se lo enseñe, o porque al preguntar a Google cualquier memez, les salga más o menos camuflada en los resultados. Es fácil, es excitante… y además aprenden. Pero ¿qué aprenden?

Educación sexual

El porno “educa” sexualmente a nuestros hijos e hijas porque nosotros, como adultos, no lo hacemos. 

La educación sexual en este país sigue siendo una asignatura pendiente. Como no es una asignatura obligatoria, dependerá de la buena voluntad de cada centro educativo que los alumnos reciban los mínimos conocimientos y se trabajen actitudes sexuales positivas. Habitualmente se resuelve con talleres en determinadas edades que aportan básicamente información sobre la biología o sobre riesgos inherentes a las relaciones sexuales  (ITS, embarazos no deseados…). 

La educación sexual llega tarde, y por lo general sigue estando centrada en los genitales y en la función sexual. Salvo excepciones formidables es lo que siguen recibiendo nuestros jóvenes en los talleres de educación sexual en términos generales. Insisto, hay -y ha habido- preciosos programas de educación sexual centrados en promover actitudes sexuales positivas, placer… pero que siguen dependiendo de la buena voluntad de los que mandan para ser aplicados. 

¿Y las familias? Para la mayor parte de las familias son incómodas muchas de las preguntas que hacen los niños y niñas sobre sexualidad. Ya no sólo relacionadas con la reproducción, que también. Cuestiones sobre la orientación sexual, la masturbación, y ya no digamos el placer sexual, siguen provocando incomodidad a la mayoría de adultos que rodean a los más pequeños. Y es que como padres tampoco hemos recibido una educación sexual adecuada, ni dentro ni fuera de casa. 

Internet y redes sociales

Hace no tantos años los cines X, el alquiler de películas y las revistas para adultos era la manera de consumir porno. Evidentemente el acceso para los chavales era muy complicado y controlado. Encontrar esas revistas escondidas por casa, o un vídeo camuflado era un clásico.

 En la última década el acceso al porno se ha facilitado de forma radical gracias a internet y a los teléfonos móviles: un tercio del tráfico web corresponde a páginas de material pornográfico. Es una puerta abierta de par en par, sin filtros, a cualquier tipo de práctica sexual, incluso ilegal.

El porno que educa

La pregunta que abre los talleres de educación sexual que imparto a adolescentes es:  ¿Qué buscáis en el porno? 

Naturalmente doy por hecho que todos y todas ven pornografía, aunque no lo hayan buscado activamente. El “me lo pasó un amigo”, o “mi novio me lo enseñó” son un clásico cuando justifican su consumo. 

Las respuestas a esta pregunta del alumnado son básicamente dos: 

  • Busco estímulos sexuales para masturbarse (respuesta más habitual en chicos)
  • Aprender cosas, respuesta que también se atreven a dar algunas chicas. 

Los adolescentes creen aprender lo que son las relaciones sexuales mucho antes de experimentarlas. Antes de poder confiar en sus sensaciones, sus emociones, e incluso de ensayar sus habilidades para relacionarse, ya han aprendido lo que se espera de ellos en esas situaciones. Ya tenemos fuertes evidencias de que el consumo de pornografia condiciona la conducta sexual (Peter, Valkenburg, 2016), mucho antes de comenzar a mantener relaciones sexuales.

La pornografía puede ser un estímulo sexual interesante para algunas personas, solas o en pareja; incluso para algunos puede ser una expresión artística. Sin embargo, recogiendo las palabras de la educadora Yana Tallon-Hicks, permitir que el porno sea educativo es como permitir que aprendieran a conducir jugando al mario cars. 

¿Se aprende del porno? 

La pornografía más accesible y consumida es la más convencional: heterosexual, binaria, falocéntrica, genitalizada y finalista. Es cierto que desde hace pocos años ha surgido un tipo de pornografía feminista -diferente de la pornografía para mujeres- y  el postporno, que proponen una mirada igualitaria de las relaciones sexuales. Sin embargo, estas propuestas todavía no llegan a los canales de consumo masivo, y de hecho muchas de ellas son autogestionadas, muy lejos del mainstream

Confirmación de los roles de género

La pornografia es la representación estereotipada y exagerada de los roles sexuales: hombres siempre a punto, que mandan y dominan la escena, que saben lo que hacer con la mujer sencillamente porque son hombres.  

Mientras, la mujer siempre está disponible como buen objeto sexual al servicio del que manda, dispuesta a satisfacer todos los deseos masculinos… independientemente de si eso la hace disfrutar o no.

En los menús de las páginas pornográficas, al igual que antes en las secciones del videoclub X, encontramos múltiples opciones que por lo general hacen referencia a características del cuerpo de la mujer: tetas grandes, culos grandes, peludas, gordas, MILF, jovencitas, asiaticas, negras… en general, independientemente del cuerpo que aparezca en pantalla, los roles sexuales siguen siendo rígidos y estereotipados. 

Simplificación de las relaciones sexuales

Obviamente la pornografia simplifica las relaciones sexuales, porque se trata de una fantasía guionada. Sin embargo, implícita en esta simplificación está la creencia de que “es sólo sexo”, que les permite justificar relaciones poco cuidadosas y respetuosas con el otro, cuando no violentas, porque no hay relación romántica de por medio. 

Violencia verbal y/o física frecuente

Este es uno de los puntos más preocupantes. La cantidad de escenas que asocian placer sexual con diferentes formas e intensidades de violencia es tremenda: palmadas, golpes, insultos, escupitajos… Y por lo general, este violencia y agresividad va dirigida a las mujeres. 

A mí me gusta el porno, ¿y qué?

Las consecuencias de un acceso tan fácil y precoz la pornografía todavía están siendo estudiadas. Sin embargo ya hay investigaciones que nos permiten afirmar algunas cosas: 

  • El consumo de pornografia en edades tempranas es a la vez, causa y consecuencia de considerar a la mujer un objeto sexual. Cosificar a la otra o a ti misma  facilita la aparición de conductas violentas y agresivas en las relaciones interpersonales desligadas de cualquier empatías o respeto. 
  • Se ha observado un aumento en la tendencia a la agresividad sexual en varones que consumen habitualmente pornografia  (Owens, Behun, Manning, Reid, 2012). Esto probablemente es debido a la asociación entre excitación sexual y violencia que caracteriza la pornografia convencional. De hecho, entre las búsquedas más habituales en las páginas web porno figuran “violación” o “manada”, prácticas ilegales que se consumen como contenido sexual de entretenimiento. 
  • Condiciona el autoconcepto y la autoestima de los adolescentes. Los chicos por lo general dudan de  su virilidad, ya que difícilmente pueden alcanzar lo que ven en pantalla. Mientras, las chicas se sienten inferiores al ideal que aparece en pantalla, no sólo a nivel estético, también a nivel de placer y práctica sexual. 
  • Distorsiona la actitud frente a conductas sexuales de riesgo, normalizando actividades que pueden ser perjudiciales para la salud. 
  • Aumenta el consumo de la prostitución. En las redes el consumo de pornografía y el acceso a la prostitución están íntimamente ligado.

Educación sexual imprescindible

A pesar de que sabemos que es una ficción, una exageración, los más jóvenes no tienen herramientas ni conocimientos para poder hacer una revisión crítica de lo que ven. “Pero es que lo que está pasando, está pasando de verdad”. Esto es lo que algunos chavales dicen sobre la pornografía. ¿Si ese tipo lo hace, porque yo no? ¿Si me excita eso, por qué no lo puedo poner en práctica? 

La diferencia entre la vida real y la fantasía que es el porno no está tan clara para los adolescentes. Por eso, lo que ocurre en la vida real que no aparece en el porno, se vive en ocasiones como algo que no se hace bien, como un defecto en el propio cuerpo, o como una anormalidad. Sin modelos alternativos de sexualidad positiva que promuevan relaciones igualitarias y éticas, ni una educación sexual adecuada, la pornografia seguirá siendo un modelo de relaciones sexuales para muchas personas. 

Recientemente en Cataluña han anunciado un plan para incorporar la educación sexual desde los 3 hasta los 15 años de manera transversal y sistemática en las escuelas. La propuesta requerirá una formación específica del profesorado, así como colaboración con las famílias. Si duda es una noticia excelente, esperemos que los recursos que se necesitan lleguen en un contexto donde el presupuesto para educación es pequeño. 

Como me dijo una alumna después de uno de los talleres: “del porno se aprende…pero mal”. 

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