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Cómo superar un bloqueo emocional o mental
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En la mayoría de casos en los que se habla de bloqueo emocional, se hace referencia a cómo la emoción del miedo nos deja paralizados, inmóviles y con la mente en blanco (bloqueo emocional y mental). Poco se habla de cómo otras emociones, como la tristeza o la ira, también pueden dejarnos bloqueados mentalmente (bloqueo mental). Y prácticamente nada sobre cómo nuestros pensamientos también bloquean la expresión de las emociones (bloqueo emocional).

En este blog vamos a prestar atención a todos esos casos.

 

Los bloqueos emocionales y los bloqueos mentales: la jerarquía en nuestro cerebro 

La evolución nos ha “regalado” la capacidad de valorar, premeditar, juzgar, pensar y tomar decisiones hace relativamente pocos miles de años.

Hasta ese momento la parte de nuestro cerebro encargada de velar por la supervivencia de nuestra especie era el sistema límbico, la parte de nuestro cerebro que se encarga de activar las emociones.

El sistema límbico es más antiguo y primario que el neocórtex, esa otra parte más moderna del cerebro que nos permite hacer valoraciones, planes, juicios y previsiones. Dada esta situación jerárquica, en caso de necesidad, nuestras emociones toman el control y bloquean o reducen nuestra capacidad de pensar o razonar. Por ejemplo, si un bebé que está empezando a gatear topa con un estímulo que le provoque el llanto, se queda paralizado, ya que, en esa edad gatear es una actividad que requiere de toda la atención porque es una acción voluntaria.

 

 

¿Qué son y para qué sirven las emociones?

Como ya hemos dicho en otras entradas, la emoción es una reacción fisiológica ante una situación concreta que nos mueve a la acción. Como explica Ana Bayón:

“la emoción es la manera de relacionarnos con el mundo de afuera hacia adentro y los sentimientos, de dentro hacia afuera.”

Las emociones están destinadas a la protección o a la relación:

  • el miedo nos protege del peligro.
  • la ira nos hace reaccionar ante una situación injusta.
  • la alegría nos permite establecer vínculos.
  • la tristeza nos da tiempo para recuperarnos de una pérdida.

 

La falacia de las emociones negativas y positivas

Y aquí aprovecho para hacer el paréntesis de siempre: NO hay emociones negativas. Huid de quien os venda esa moto. Todas las emociones tienen una utilidad, aunque (o precisamente porque) puedan resultar desagradables, de la misma manera que el hambre o la sed son sensaciones desagradables que nos mueven a buscar alimento o bebida. Si no fueran desagradables no provocarían que nos moviéramos. Pero desagradable o incómodo no es necesariamente negativo.

Así que, me permito repetirlo, NO hay emociones negativas.

 

El bloqueo emocional: cuando el pensamiento bloquea la emoción

No es tan frecuente escuchar hablar de la represión de las emociones fuera del ámbito clínico o terapéutico. Y a esto también le podríamos llamar bloqueo emocional: cuando nuestras ideas, creencias o pensamientos bloquean la expresión de una emoción.

Crecemos en un entorno cultural (familia, amigos, país, religión…) que define de forma muy clara qué emociones debes sentir y cuales no, y además cómo debes expresarlas. En palabras del filósofo valenciano Bernardo Ortín, es la “inadecuación de las emociones”. Según Bernardo, es una de las grandes epidemias de nuestra especie.

“¡No sientas eso! ¡Siente otra cosa!”

Dado que cada cultura tiene sus propias normas a cerca de las emociones, desde pequeño se nos enseña a expresar unas, a esconder otras y a reprimir algunas.

 

 

La diferencia entre esconder y reprimir, por si te lo preguntas, es que en el primer caso puedes sentir la emoción aunque no debes mostrarla; en el segundo, debes esforzarte por no sentirla.

Es entonces cuando las emociones “auténticas” o primarias, las que serían más adaptativas en una situación concreta, son reemplazadas por otras socialmente más adecuadas. “Los niños no lloran”, “Las niñas no se enfadan” ,“No te pongas así”…

Aprendemos entonces a expresar las emociones que se espera de nosotros y nos encontramos en medio de ese choque de trenes entre lo que sentimos y lo que debemos sentir.

Esta situación puede legar a provocar mucha angustia en aquellas personas que no comprender porque se sienten así. La vergüenza, la culpa, la rabia hacia uno mismo, substituyen a la tristeza, la ira o el miedo que pueden ser más adaptativos ante la situación el la que nos encontramos. Y entonces, ni podemos procesar una emoción ni la otra. Resultado: estamos bloqueados. Una emoción “impuesta” bloquea la emoción adaptativa.

 

El bloqueo mental: cuando la emoción bloquea el pensamiento.

Algunas situaciones o experiencias, pueden sobrepasar nuestra capacidad inmediata de reacción o de procesamiento mental. Una muerte repentina, un accidente, un desastre natural, una agresión, pueden provocar que nos quedemos bloqueados durante un tiempo. Estas situaciones de estrés agudo son algunas de las acepciones de cuando un bloqueo emocional conlleva bloqueo mental.

El cerebro necesita su tiempo para asimilar y acomodar lo que ha sucedido y poder procesarlo para que podamos seguir adelante. Y para ello, se requiere tiempo, a veces poco y a veces mucho. Pero intentar acelerar el proceso forzándonos a sentir o actuar de una manera para la que no estamos preparados aún puede ralentizar la solución en lugar de acelerarla.

 

 

Muy probablemente os haya pasado que hayáis bebido un trago de agua muy deprisa y se os haya hecho un nudo en la garganta. Suele ser bastante doloroso durante unos instantes mientras el agua intenta abrirse paso. Finalmente, cuando lo consigue, el agua baja, el nudo desaparece y nos queda un pequeño dolor molesto que va desapareciendo. Aún no he conocido a nadie que para ayudar a que pase más deprisa, se mera el dedo en la garganta y empuje.

Con las emociones pasa igual, no puedes empujarlas, necesitan abrirse paso para que las “puedas tragar”. Y con ello, el pensamiento también se moviliza.

 

Entonces, ¿cómo podemos evitar un bloqueo emocional o un bloqueo mental?

Reconocer cuales son las emociones que estamos sintiendo y su coherencia con la experiencia que estamos viviendo es clave, pero no es fácil. Es algo que investigamos concienzudamente en consulta y  te invitamos a reconocer con estos ejemplos:

  • “Me pongo nerviosa ante un examen y no debería sentirme así.”
  • “Siento rabia hacia mi pareja, pero es alguien encantador según mis amigos, así que debo ser raro o rara por no sentirme afortunada”
  • “No te alegres demasiado. Antes o después vendrán momentos peores”
  • “¿Cómo puedes sentirte tan feliz, con la cantidad de gente desafortunada que hay a tu alrededor? ¡Deberías avergonzarte!”

 

 

Vivimos en una ola de positividad “wonderful” en que se nos exige (de forma muy sutil a veces) que nos sintamos felices, afortunados de estar vivos y en plenitud por todas las cosas buenas que deberías ver a lo largo del día. “Elimina en ti toda emoción negativa que te impide llegar a la verdadera felicidad.”

(Un pequeño paréntesis: suelo huir de alguien que me intenta vender cualquier cosa con el apellido “verdadera”, especialmente si se refiere a la felicidad.)

 

6 estrategias para superar un bloqueo emocional o un bloqueo mental

  1. Hablar con gente de confianza (incluso un terapeuta) puede ayudarte a descubrir qué y cómo sientes en la situación en la que te encuentras, pero nadie puede decidir por ti lo que debes sentir. Eso es sólo cosa tuya.
  2. Escribir cómo te sientes también suele tener un efecto terapéutico. Ordenar tus ideas, expresar tus emociones ante ti misma, pueden ayudar a procesar las experiencias que te puedan causar malestar o sufrimiento.
  3. Aún y teniendo nuestra manera de sentir domesticada, la emoción que se corresponde con tu vivencia se expresa durante al menos una fracción de segundo antes de imponer la emoción o el sentimiento “adecuados”. Normalmente la emoción “substituta” suele llegar después de una “vocecita” que te dice cómo y qué debes sentir. Identificar ese diálogo interno cuando aparece te ayudará a encontrar la emoción primaria.
  4. A veces puedes hacerte la misma pregunta que hacia la genial psicoterapeuta Virginia Satir: “ Y dime ¿cómo te sientes sobre cómo te sientes?”
  5. Puedes aprender en qué situaciones o experiencias has sentido ese bloqueo emocional y como te hubiera gustado responder. Como prácticamente todo en la vida, se requiere de entrenamiento y práctica. Aunque te pueda parecer lo contrario, Steve Jobs también se preparaba sus conferencias y llevaba una chuleta si era necesario. Querer empezar por lo más alto puede hacer que te frustres y la frustración te lleva al bloqueo.
  6. Darte tiempo. ¿Porqué no? ¿Quién dice que debes sentir o actuar de una manera concreta inmediatamente? A veces necesitamos tiempo para procesar, para digerir lo que nos está pasando y las prisas no suelen ayudar.

 

 

Una última reflexión acerca de los bloqueos mentales y de los bloqueos emocionales

Siempre pongo el mismo ejemplo en consulta cuando mi cliente tiene prisa: “Si te hubieras roto un tobillo y hoy te quitaran el yeso, ¿te parecería lógico o coherente intentar empezar a correr mañana? Pues con el cerebro, con nuestra mente pasa lo mismo, necesita un tiempo de recuperación tras sufrir daño”.

Cada uno tiene su propio ritmo. Acelerar no tan sólo ayuda sino que incluso puede prolongar la lesión.

Y ¿por qué no? ¡Puedes cagarte en todo de tanto en cuanto! Puede llegar a ser terapéutico siempre y cuando no sea la única manera.

One Comment

  1. Cómo tomar decisiones difíciles | Lo Bueno Si Breve

    […] Esperamos que te hayan sido de ayuda estas reflexiones y estrategias. Si necesitas más información al respecto te invito a leer mi próximo blog post sobre bloqueos emocionales y mentales. […]

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