El sentimiento de culpa y el respeto a uno mismo

La culpa aparece con frecuencia cuando te ocupas de ti mismo

¿Hasta cuando estás dispuesto a temer revelar lo que sientes?

Cuando no comunicas cómo te sientes, la otra persona no puede ajustarse a ti. Y cuando no se ajustan a ti, acaba llegando esa sensación de dar demasiado, hasta el punto de gravitar hacia la ira y la rabia, somatizar con un nudo en el cuello o dolor en hombros y cervicales. O incluso, en forma de comportamientos compulsivos.

Así es como tu subconsciente se defiende y te empuja a poner límites cuando has obviado tus necesidades demasiadas veces.

Embotellar tus necesidades, inhibirlas o expresarlas a terceros no te sacará de donde estás. El problema seguirá ahí, con mayor o menor tamaño, y cada nueva necesidad que evites expresar se sumará al resto de mierda escondida bajo la alfombra.

¿Qué límites no consigues poner para estar a gusto con el otro y contigo mismo?

La pereza de entrar en conflicto, el miedo al rechazo si este aparece, la pena que te da la otra persona una vez te hayas comunicado o la culpa que sientes si al otro le duele pueden ser los motivos que te impiden expresar lo que sientes.

Y es que a menudo nos cuesta mucho tomar en consideración lo que sentimos y entender que en muchas ocasiones ni tan siquiera elegimos. Sentirnos de un modo u otro no es una opción, es una revelación interna a través de sensaciones totalmente espontáneas e intentar reprimirlas para cuidar del otro nos somete a la propia traición.

Pero, comunicar lo que sientes, piensas o quieres aún sintiendo culpabilidad quizá es el primer paso para cuidar de ti mismo asumiendo la responsabilidad de poner límites.

LA COMUNICACIÓN ASERTIVA

No se nace asertivo en todo o en nada. Normalmente tenemos algún contexto en el que honrar nuestras necesidades nos resulta más fácil y natural que en otros. Y tus habilidades en estos contextos de éxito poniendo límites sanos pueden resultar clave para resolver tu dificultad en trazar la línea donde te cuesta más.

La culpa o la dificultad para aceptar lo que sientes hace que en muchas ocasiones omitas sentimientos que ayuden a que el otro a ubicarse tanto en tu mapa mental como emocional o bien lo hagas de forma desagradable. 

Por lo que, no solo se trata de expresar tus necesidades y opiniones dejando de cohibir lo que sientes, sinó hacerlo desde la autoconfianza, con franqueza, claridad y amabilidad, procurando no herir a tu interlocutor y que eso favorezca su disposición y comprensión hacia ti.

¿Y si la culpa aparece cómo alarma emocional?

En otras ocasiones no es el querer evitar una ofensa lo que nos genera culpa, sino que esta aparece en forma del que popularmente llamamos “remordimiento de conciencia” y cuando esto ocurre entonces estamos un poco más a salvo!

Puede que sentirse perseguido por arrepentimientos y tareas pendientes nos empuje a la acción para finalmente poder quedarnos en paz con nosotros mismos. A soltar ese mea culpa, a retomar un quehacer que arrastramos eternamente, a hacer una confesión o a cumplir eso que te has propuesto hacer. 

Entonces la culpa aparece como aliada, con ese afán de evitar que los tormentos se perpetúen y nos acomodemos en la incomodidad. Pues, cuando nos hemos acostumbrado a renunciar a lo pendiente sólo nos movilizamos si una sensación llega verdaderamente a molestarnos.

CÓMO PODEMOS AYUDARTE

La culpa ya casi nos ha hecho el trabajo, te ha molestado lo suficiente como movilizarte hasta aquí. En consulta podemos ayudarte a:

  • Identificar qué exactamente de lo que haces, piensas o sientes te hace sentir mal.
  • Encontrar qué de bueno para ti hay detrás de esa culpa, de ese silencio, de la penitencia autoimpuesta.
  • Explorar qué creencias están pinzando nuevas perspectivas sobre las que observar y experimentar lo que ocurre.
  • Conciliar esas dos partes que a menudo entran en conflicto: lo que sientes y lo que piensas.
  • Identificar qué sensaciones te están impidiendo hacer, sentir o decir lo que quieres.
  • Experimentar un nuevo modo de sentir frente a estos conflictos para que observes qué ocurre distinto cuando lo vives desde ahí e integres un nuevo modo de funcionar.