¿Cómo cambio de vida o de hábitos?
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Podemos necesitar un cambio de vida por distintos motivos.

Puedo necesitar un cambio de vida porque estoy pasando por una crisis de identidad y este tránsito desestabiliza mi vida tal como la conocía hasta ahora.

Puedo querer un cambio de vida cuando necesito adquirir nuevos hábitos y ésto implica reformular mi rutina, mi día a día.

Puedo necesitar un cambio de vida cuando de repente me doy cuenta de que he cambiado demasiadas cosas sin darme cuenta y cuando tomo conciencia de ello necesito ajustar muchas otras.

O incluso puedo necesitar un cambio de vida porque hay algo que va mal pero no sé todavía qué es.

La única constante en todos estos posibles cambios vitales, es que para cambiar algo de mi vida tengo que cambiarlo yo. Aquí te damos información que te puede ser bastante útil para empezar.

 

Qué entendemos por crisis vitales y cambios de vida

Una crisis vital puede detonarse por un cambio de trabajo, un despido o un cambio de jefe. Puede detonarse al cumplir años (las famosas crisis de identidad), al tener hijos o cuando éstos se van de casa. Puede ser la consecuencia de un cambio en tu vida amorosa, desde enamorarse de la persona equivocada, separarse o desenamorarse. También representan cambios vitales las enfermedades o lesiones, propias o de los que están a nuestro alrededor, el cuidar a familiares… desde un proceso judicial hasta un cambio de residencia son causas mayores que nos rompen nuestra rutina diaria. Son cambios de hábitos abruptos que nos sobrecargan nuestro día a día hasta hacerlo insostenible.

 

Todos estos eventos hacen que modifiquemos nuestra forma de ver el mundo y piden afrontarlo de forma distinta para no perecer en el intento. Como sucede con los móviles y ordenadores, tu sistema necesita actualizarse. Las crisis vitales nos piden flexibilidad.

 

Por qué me cuesta tanto cambiar?

 

Afrontar una crisis vital con drama o sin drama

Un cambio de vida siempre nos empuja a hacer algo distinto. Tanto si te encuentras en plena crisis de identidad, como si tu vida ha cambiado por algún hecho inesperado, los cambios, externos e internos, nos obligan a cuestionarnos. Cualquier gran cambio en tu vida que implique un cambio de hábitos (de comportamientos o de pensamientos), puede conllevar una crisis personal que nos presione a cambiar algo en contra de nuestra voluntad. Es el clásico ‘Con lo bien que estaba yo…’. Cambiar nuestra forma de hacer, pensar y suele ser algo que nos cuesta asumir, especialmente cuando perdemos un estilo de vida en el que en el pasado estuvimos tan bien.

 

Ante una crisis vital, la mayoría de la gente quiere correr, quiere haber ya cruzado al otro lado, donde el dolor ya no existe. Pero para hacer un gran cambio necesitas tiempo para recapacitar. Tiempo para permitirte sentir la incomodidad o malestar antes de lucharlo. Si no hay urgencia podemos afrontar las grandes crisis sin dramas. Esperando a antes de actuar ante la nueva y más incómoda realidad, generaremos mejores opciones. Sin las prisas y el estrés inicial, dispondremos de más recursos para encontrar estrategias más eficaces.

Si afrontamos la crisis a través de la urgencia en extinguir el dolor, del esfuerzo, será más probable que la vivamos con más malestar y drama. Será más probable que sintamos más resistencia a querer hacer las cosas de un modo distinto. Tomarse el tiempo para que la mente vaya ubicando las novedades (y a veces es cuestión de meses) puede ser suficiente para verlo todo más claro y ajustar lo que haga falta pasada la tormenta.

Como te acabaremos de contar más adelante, respetando tu momento para el cambio y mediante la ley del mínimo esfuerzo, será más probable salir sin magulladuras de la transición.

 

 

Cambiar de vida es fácil si sabes el qué, cuándo y cómo hacerlo para que lo sea

 

¿Tengo claro lo que quiero?

Para crear tu cambio de vida, explora bien y mucho tus opciones. Para cambiar de hábitos y rutinas, es bueno saber primero qué quiero exactamente y cuándo quiero empezar. El cambio empieza en tu mente. Antes de hacer, para. Piensa en qué beneficios y qué costes (sí, siempre hay costes) reportará para ti el cambio. Genera distintas posibilidades de cambio vital, incluyendo las más descabelladas. Permítete pensar en tantas opciones como puedas para decidirte por la mejor de ellas, aunque no sea perfecta, escoge la menos nociva para ti y para tu entorno.

 

Cuando nos cuesta cambiar hábitos, cambiar formas de hacer para cambiar lo que nos produce malestar en nuestra vida suele ser o bien porque no es tu momento para cambiar o bien porque tu propuesta de qué y cómo debes cambiar no es un fórmula suficientemente operativa (fácil y útil) para que lo consigas. Recuerda, lo que has intentado hasta ahora, no funciona. Deja de repetirla porque intentarlo sin resultados te cansa y entorpece el cambio de vida a largo plazo.

 

Cambiar hábitos es fácil si sabes cuándo

Verdad que no existen dos días iguales? Cada día cambias formas de hacer. Tienes distintas conversaciones, te fijas en distintas cosas, hablas de temas distintos. Del mismo modo, hay momentos más o menos propicios para el cambio. Te los describimos a continuación:

  1. Quiero cambiar + no quiero cambiar = no cambio (inconsciencia). A veces, hay una parte de ti que quiere cambiar y otra parte de ti que se resiste. Por ejemplo, quiero dejar de fumar pero me gusta el placer que obtengo al fumar. Si este es tu caso, seguramente boicotearás tu propio cambio de hábito. Hay una parte de ti que se va a resistir al cambio de vida. Es esa parte con la que nos aliamos en terapia para que deje de impedir el cambio.
  2. Quiero cambiar + no sé qué debería que cambiar = no cambio. Es el estado que se conoce como Incompetencia Inconsciente. Existe el profundo convencimiento de que se quiere un cambio de vida pero no se sabe de qué forma óptima se podría conseguir. Querer cambiar en este momento puede producir frustración y desazón, nos paraliza no saber por dónde tirar. Puede ser que falte entrenar habilidades, capacidades o empatizar con otros puntos de vista para acabar de conseguir la información relevante para poder dar el salto.
  3. Quiero cambiar + sé qué es lo que ‘tengo que’ cambiar = no cambio. Etapa del cambio también conocida como Incompetencia Consciente. Es bastante común encontrarse con gente que quiere cambiar y sepa que debería estar haciendo pero no lo hace. Por un lado les invade la comodidad de seguir como estaban y por el otro la culpa de no estar poniendo lo que ‘deberían’ de su parte. La estrategia que no funciona aquí es intentar conseguir el cambio a través del esfuerzo, de la fuerza de voluntad, sin tener claro primero las estrategias que aplicando poco a poco resultarían mucho más cómodas.
  4. Quiero cambiar + sé qué es lo que ‘quiero’ cambiar = cambio inevitable. Si no hay una parte de mi que no quiere cambiar (1), si tengo claro lo que quiero y cómo conseguirlo de forma cómoda (2 y 3), el cambio es simplemente inevitable (4). A esta fase le llamamos Competencia Consciente, y es la que sucede cuando tu cambio ya se está produciendo y te das cuenta de lo que haces más allá de lo que hacías.

 

Una vez hayas acabado tus cambios de vida, seguramente te encuentres que esa competencia consciente es ahora una Competencia Inconsciente, o sea, que aplicas las estrategias cuando las necesitas pero sin siquiera darte cuenta, activas esos aprendizajes de forma automática.

 

cambio de vida

 

Cambiar hábitos es fácil si sabes cómo

 

Cuando en consulta preguntamos ‘En qué te puedo ayudar?’ A menudo nos contestan frases como estas:

‘necesito que me ayudes a tomar una decisión’

‘necesito terapia para ponerme las pilas con esto o aquello’

‘necesito pasar página y no solo lo consigo’

‘necesito a alguien que me motive a…’

‘quiero que me enseñes a dejar o a quitarme de x’

’necesito que me den un empujón porque sino nunca me pongo’

‘quiero que ayude a mi hija a esforzarse más…’

 

Todas estas demandas terapéuticas tienen algo en común. La estrategia que buscan al acudir a terapia es:

 

  1. Yo no puedo cambiar sin ti, sin alguien o sin un elemento externo. Tú me haces algo ‘mágico’ a mi que yo solo no puedo cambiar. (responsabilizar al profesional de tu cambio o no cambio).
  2. Creo que cambiaré haciendo ‘más de lo mismo’: ayúdame a conseguir el cambio que quiero de la misma forma como lo he intentado hasta ahora (aunque hasta ahora no haya funcionado).
  3. Para cambiar se necesita fuerza de voluntad. Oblígame a hacer lo que creo que necesito hacer para ponerme bien o para cambiar mi vida.

 

Justamente, cambiar en base a estas tres premisas auguran que tu cambio vital sea difícil, que no se produzca o que si pasa sea demasiado complicado mantenerlo a largo plazo.

 

¿Cómo se cambia de forma fácil?

Acabamos de explicarte que puedes hacer que tu cambio sea cómodo si te propones cambiar en el momento que estés preparado y si consigues que:

  1. El cambio no dependa de nadie ni nada más que de ti.
  2. Cambias tu estrategia de cambio intentada hasta ahora.
  3. No dependes de tu fuerza de voluntad (sino más bien de la ley del mínimo esfuerzo).

Para lograr poner en práctica cada una de estas opciones, a continuación te explicamos cómo empezar.

 

ideas si quiero cambiar mi vida

 

1. El cambio no depende de nadie ni de nada más que de ti.

 

I buy my own diamonds

and I buy my own rings

Beyoncé

 

Escurrirse de la responsabilidad con tu vida, con tu cuerpo, con tus pensamientos y con los demás es algo habitual (especialmente si ahora mismo no es mi momento para cambiar). La responsabilidad del cómo, cuándo y dónde pasa tu cambio es solo tuya. En psicología lo llamamos ‘locus de control interno’. El ‘locus de control externo’ sería cuando la responsabilidad de lo que me pasa se la traspaso a un evento o a una persona. ‘Mientras tú no hagas esto yo no puedo superar lo otro’, ‘hasta que no llegue a casa no podré relajarme’.

 

Tus estados internos, tanto pensamientos como emociones, son solo tuyos. Autoengañarte con la ilusión de que dependen de tu entorno o de otras personas no solo te impide generar soluciones ingeniosas por ti mismo sino que además posterga tu objetivo, tu bienestar y tu motivación para superar tu crisis o cambio. Os suenan frases tipo:

‘Voy al gimnasio solo sin viene mi amiga.’

‘Dejo de fumar porque me lo pide mi mujer.’

 

En estos casos, ir hasta ir a terapia puede convertirse en un ‘apárcame el coche, bonita’.

Si todavía no te sientes capaz para avanzar es más fácil ser honesto, parar y postergar tu cambio de vida antes que proyectar la culpa y la responsabilidad de tu parálisis en los demás. En estos casos lo mejor es permitirte descansar y coger fuerzas para cuando quieras asumir las riendas sin excusas.

 

2. Cambia tu estrategia de cambio

 

I’ll do it my way

Frank Sinatra

 

Como terapeutas, rara vez cuestionaremos tu objetivo, ya que tú decides cómo quieres que sea tu vida. Sin embargo, a veces sí cuestionaremos tu fórmula sobre cómo conseguir tu cambio de vida. Cierto es que ir al psicólogo ya es un primer paso de hacer más.

Intentar cambiar de la misma forma que lo has intentado hasta ahora, te va a seguir llevando al mismo lugar. Aunque añadas más ganas, aunque hagas más de aquello que crees que te servirá. Cualquier tipo de estrategia que no te haya funcionado antes, aunque ahora con esfuerzo te funcione, es demasiado costosa para el tú que no cambia. Puede ser útil un breve lapso de tiempo, pero si lo fuera realmente, ya habrías llegado por tu propio pie, no? Por eso, lo más probable es que en el momento que ya hayas cambiado te encuentres en que vuelves para atrás, que recaigas en tu antiguo hábito, porque mantener tu logro requiere demasiado esfuerzo. Un ejemplo muy claro son las dietas para adelgazar. Requieren tal esfuerzo, atención y disciplina que se pueden mantener durante un período, pero a largo plazo resultan insostenibles. Y eso nos lleva a nuestro último punto.

 

3. La fuerza de voluntad es la menos fuerte de las fuerzas

 

La voluntad no necesita de fuerza.

 

Maldita fuerza de voluntad y maldita cultura del esfuerzo. Nuestro cerebro está diseñado para buscar placer y huir del sufrimiento. No obstante, lo de ‘la letra con sangre entra’ parece ser el primer camino que escogen nuestros clientes para llegar cambiar de vida o de hábitos.

 

Quizás como consecuencia de esta moda del desarrollo personal, donde todo lo que cuesta requiere motivación. La cultura del esfuerzo te roba el dinero y el tiempo del presente. A efectos prácticos, la exigencia para con uno mismo sigue siendo la menos eficaz de las fuerzas.

 

Cómo lo sabemos? La mayoría de la gente que acude al psicólogo queriendo cambiar de vida, cambiar una forma de pensar o relacionarse, o incluso cambiar de hábitos, ya han intentado cambiar por su lado con fuerza de voluntad. En vano. A pesar de que la estrategia de aplicar fuerza de voluntad no les haya funcionado por su cuenta, nos siguen pidiendo que les ayudemos a cambiar a su manera, que les demos motivación para que se esfuercen sin tanto esfuerzo.

 

cambiar de vida

 

Si necesitas motivación, compra también la culpa y la pereza

La fuerza de voluntad es un arma de doble filo. Cuando decae la motivación entra la culpa, que te hace sentir mal por no estar haciendo lo que deberías hacer. Y con la culpa a veces nos activamos y otras veces nos alejamos más de nuestro objetivo. Nos empieza a dar cada vez más pereza.

 

La pereza no es causa, es consecuencia.

Pensar en todo lo que hay que hacer y no quieres hacer genera pereza y cansancio. Por muy motivado que estés al principio, con el tiempo la motivación se va. Un posible ejemplo es cuando postergamos alguna tarea de casa que sabemos que nos cansará. Lo sabes porque en tu cabeza lo has revivido varias veces ya, cada vez que te acuerdas de que tienes eso pendiente lo repasas y rehaces mentalmente. Y eso cansa y da pereza. Si no puedes pasar de esa carga al ‘just do it’, deja de engañarte. Otra vez, demasiados problemas para poder cambiar.

 

Cómo cambiar de vida con la ley del mínimo esfuerzo

 

El proceso creativo es un proceso de entrega, no de control🍃

– Julia Cameron

 

Somos vagos por naturaleza. Nos gusta el confort y la vida fácil, eso sí, sin llegar al aburrimiento. La letra con sangre entra muchísimo menos. Sin endorfinas, serotonina, acetilcolina… Aprender es un rollo. Y quién va a querer repetir una y otra vez algo que es un rollo? Pues la gente con tendencia más obsesiva (incluímos perfeccionistas y controladores) y los masoquistas (esas personas que adoran cumplir penitencia como paso para conseguir algo). Para ellos la fuerza de voluntad suele ser fuerza suficiente. Para el resto de los mortales, olvídate. La mayoría somos unos vagos.

 

Para cambiar de vida ¿necesitas recetas o estrategias?

 

Las recetas no sirven para todo (por eso caducan)

Partiendo de este punto podemos optar por seguir recetas de cambio o estrategias de cambio. Las recetas las puedes conseguir en cualquier libro de desarrollo personal. Son obviedades del tipo:

‘Si estás deprimido, haz deporte.’

‘Si estás estresado, trabaja menos y duerme más.’

‘Si quieres adelgazar, apúntate al gimnasio.’

Bravo. Son consejos que una vez más prueban que la mayoría de escritores de autoayuda o se creen muy listos o nos creen muy tontos.

 

 

Las recetas de lo que deberías cambiar en tu vida suelen tener una fecha de caducidad. En el momento en que te habitúas a hacer algo de algún modo en concreto la técnica tipo receta pierde su fuerza. Eso si alguna vez se llegó a poner en marcha. Además, si las recetas vienen de fuera, te podrán cuadrar más o menos, pero no tienen el mismo impacto que si las generas tú. Tú sabes mejor que nadie a qué te puedes comprometer a largo plazo y a qué no. Cuáles son tus motivadores y tus flaquezas. Y en este momento cuáles puedes poner en juego. Por eso, para afianzar cambios en la vida o suele ser mucho más eficaz tener una estrategia que te cubra la pereza, la culpa, la falta de motivación y que te permita generar opciones flexibles para los distintos momentos futuros a corto y largo plazo.

 

¿Cómo cambio de vida o de hábitos? Cómo lo hacemos nosotros

Para que el cambio de vida o de hábitos sea fácil necesitas amplias estrategias, parámetros, para que tú mismx te generes tus propias recetas particulares para cada ocasión. Personales e intransferibles.

 

Y justamente de eso nos encargamos los psicólogos en terapia breve estratégica. Nos ajustamos a lo que te apetece o no hacer. Aproximándonos al placer (o en su defecto, al mínimo esfuerzo posible) siempre que se pueda. Y en base al estado mínimo de motivación de cada cliente (sin pedirte de más), diseñamos conjuntamente un plan de acción, mayoritariamente durante la primera sesión, para acotarlo.

 

Alcanzamos este tipo de cambios desde la ley del mínimo esfuerzo gracias a ciertas preguntas estratégicas y orientadas a la solución, se os empiezan a ocurrir distintas pautas fáciles y específicas para el cambio. Empieza a nacer el cambio de lo concreto, cómodo y asequible a lo general. Cambiar sin dramas, desde tus competencias y a tu manera, casi sin darte cuenta.

 

Os ponemos un ejemplo. Hemos tenido numerosos clientes diagnosticados con depresión. Lo normal es que los terapeutas y psiquiatras anteriores les pidan que salgan de la cama por la mañana y que hagan deporte (ambos objetivos inabarcables en casi cada uno de los casos). Nosotros encontramos con ellos pequeños juegos, capacitadores a la vez que fáciles, y los pactamos como estrategia. Por ejemplo, en un caso, a uno de estos clientes diagnosticados con depresión no le costaba nada de esfuerzo dejar el móvil en la cocina antes de acostarse. Así, a la mañana siguiente, tenía que salir a por él en algún punto de la mañana para entretenerse. Acabó entreteniéndose en la cocina. Las distracciones y múltiples posibilidades que abría ampliar el entorno cocina permitieron romper su antiguo patrón depresivo, conllevando el llamado ‘efecto bola de nieve’. Un miserable pequeño cambio respecto a dónde este cliente dejaba el móvil antes de acostarte cortó un patrón depresivo en apenas un par de semanas.

 

Si quieres aprender a generar tus propias estrategias de cambio puedes echarle un vistazo al programa de nuestra próxima formación donde enseñaremos múltiples técnicas y herramientas terapéuticas. Si primero prefieres probarlas en consulta, te invito a  contactarme para orientarte en tu caso específico.

 

Un saludo!

 

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