motivación
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¿Realmente es necesario sentir motivación para entrar en acción?

¿Cuántas acciones inicias al día sin necesitar sentirte especialmente motivado?

¿Cuántas cosas haces sin esforzarte y no obstante las consigues con éxito?

Dicen que la palabra motivación deriva de las palabras motivus (movimiento) y el sufijo -ción (acción o efecto). Así, la definición de ‘motivación’ se podría describir como el movimiento que nos lleva a la acción.

Sin embargo, en la actualidad se confunde la palabra motivación con las ansias o ganas de hacer algo. Como si el estado que nos predispusiese a hacer las cosas tuviese que ver con la euforia o la voluntad. Y nada más lejos de la realidad.

En este artículo hablaremos de hasta qué punto lo que entendemos por motivación está sobrevalorada, de los distintos estados que nos pueden mover hacia la acción y del cómo conseguir hacer sin ganas.

Motivación divino tesoro (del capitalismo)

conseguir objetivos

Con el auge del coaching hay casi tantos cursos de motivación como gente ‘desmotivada’. En ellos suelen vender que ponerle ganas, el ‘a por ello’, es la herramienta impresciendible para conseguir lo que te propones en cualquier ámbito.

Nos venden que el poder sentir ganas de hacer cosas es nuestro estado optimista y natural. La tiranía de la motivación se nos presenta como el antídoto para la depresión, para mejorar, para establecer buenos hábitos y, sobretodo, para consumir muchas cosas y servicios en ese proceso hacia una realidad mejor.

Pero a la que se te quita el chute del curso para motivarte y conseguir tus propósitos te das cuenta de que todo lo que sube baja y de que, la motivación, como cualquier otro estado mental, es transitoria.

Las trampas de la motivación

Lo que separa a los sueños de la realidad no es la motivación, es la acción.

Te invito a cuestionarte el concepto de que se necesiten ganas o la ilusión para conseguir tus objetivos. La motivación quizás no sea ni suficiente ni necesaria para que te actives. Quizás la motivación sea el hacer sin ganas. Aquí te dejo algunos ejemplos.

1. Motivación ineficaz. Cuando las ganas son insuficientes.

¿Motívate y vencerás? ¿Seguro? A veces tus ganas no son suficientes para conseguir lo que te has propuesto. A veces las ganas no te llevan a hacer las acciones adecuadas o simplemente no se dan las condiciones para que consigas lo que te propones. Puedes sentirte muy motivado para hacer algo específico y, simultáneamente, escoger una forma equivocada o insuficiente para llegar ahí. Puedes estar muy motivado para correr una maratón y no haberte preparado de la forma adecuada como para siquiera finalizarla. La motivación no predice tus resultados.

2. Motivadón. Cuando las ganas son demasiadas.

Estar demasiado motivado o enfocado en tu objetivo puede generar estados de hiperalerta, ansiedad, obsesión y/o estrés. Por ejemplo, en pruebas de rendimiento deportivo y de presentaciones o actuaciones ante una audiencia, las ganas de practicar y repasar para hacerlo perfecto pueden entorpecer tu perspectiva, el flow y el estar presente. Todos ellos son amigos de los buenos resultados. En casos de estrés crónico también nos podemos encontrar con excesos de motivación que acaba desgastando a la persona. El exceso de ganas y la tensión excesiva son primas hermanas. Por eso, la motivación no siempre suma. En exceso también resta.

3. Acción sin motivación.

Como ya hemos mencionado, la mayoría de cosas que haces ni siquiera te las planteas. Las haces y punto, sin pensar en si tienes ganas de hacerlas o no (de lo contrario, probablemente no harías ni la mitad). Las haces sin anticipar demasiado esfuerzo y sin prestar atención a la toma de decisiones.

En estos casos, la acción no deviene de la motivación. Tu cuerpo y tu mente se encargan de generar desequilibros internos que se ocupan de mobilizarte en lo imprescindible y relevante. La mayoría de tus acciones en tu día a día acontecen sin necesidad de sentir ni ganas ni ilusión.

4. Los estados pre-activos.

¿Qué otros estados pueden preceder a la acción? Existen numerosos estados internos que nos mobilizan. Hay distintos estados pre-activos, no solo el de ‘sentirse motivado’, que catapultan la acción. Por ejemplo, un enfado (la ira) con un partido político puede llevarte a la acción de votar. Llorar durante un día entero (la tristeza) te puede dar tal dolor de cabeza y aburrimiento que al día siguiente hasta te apetezca salir a que te dé el aire. La envidia (la sana y la no tan sana) te puede llevar a cambiar hasta tus peores hábitos si te aprieta. Un aburrimiento extremo podría llevarte a estudiar lo que llevas meses postergando. La acción suele venir precedida por un mínimo malestar. Ir por ir, es tontería. Ir por huir ya conlleva cierta dirección.

¿La motivación es causa o consecuencia?

just do it
  • ¿Necesitas sentir unas ganas irresistibles de lavarte los dientes para hacerlo?
  • ¿Te sientes eufórico cuando escoges un producto y no otro en el supermercado?
  • ¿Cuántas veces llegas a hacer cosas sin siquiera haberte dado cuenta de cómo las has hecho?
  • ¿Sin que exista la motivación de querer llegar?

Curiosamente, la motivación suele devenir de la acción. El ‘Just do it’ es como empiezan la mayoría de hábitos. Si esperaras a que te entraran las ganas o dependieras de ellas para quizás todavía estarías en el sofá. La motivación suele venir habiendo hecho, ni que sea un poco, en la dirección deseada. O sea, que más frecuentemente el huevo es la acción y la gallina la motivación que lo contrario.

¿Cómo consigo hacer sin ganas?

Motivación y acción

¿Cómo sería activarse desde la desmotivación? Para conseguir hacer lo que tienes en mente sin ganas te proponemos algunos trucos iniciales.

Haz como los vagos: a medias o en piloto automático

Las personas más vagas son expertas en hacer escogiendo sus batallas, invirtiendo poca energía. Es mucho más ambicioso y difícil hacer con ganas que hacer sin ganas.

En cambio, hacer con el piloto automático puede resultar mucho más fácil. Usar tu modo stand by puede resultarte útil cuando la pereza aprieta. Haz por hacer, haz con desinterés. Pero haz. La actitud con la que lo empieces es lo de menos.

Empeora tu zona de confort y mueve tu cucu.

Ponte chinchetas en la silla y te levantarás. Fuma una marca que te dé arcadas la semana antes de dejar el tabaco. Sal en shorts a dar una vuelta cuando te dé pereza depilarte las trenzas.

Hacer que tu zona de confort se vuelva menos confortable te hará buscar el confort en otro lugar.

Convierte lo extraordinario en ordinario

Ya has vivido muchas primeras veces antes, seguidas por la sensación de ‘tampoco había para tanto’. Desvirgarte hacia una nueva o abandonada rutina es algo que experimentas a menudo pero en contextos que te parecen poco relevantes. ¿Cómo sería si afrontaras tu poca motivación como un mero cambio de costumbres de los que no te importan? ¿Como sería si pensaras en lo difícil como piensas en lo fácil?

Acércate a tu objetivo sin que te vea

¿Recuerdas el juego de ‘1, 2, 3 pica pared’? Pues esta es la idea del fragmentar y parar, para conseguir llegar asegurando el tiro. En lugar de salir de tu zona de confort, da pasos ridículamente pequeños para ampliarla contigo y ve parando en la medida que lo necesites.

Cuando avanzas muy despacio y sin grandes expectativas pueden pasar dos cosas: o que después de llegar hasta una puerta de gimnasio finalmente te decidas a entrar a preguntar o que cansado de avanzar a paso de tortuga te lances y aproveches uno de estos micro-intentos para tirarte allí una hora.

Empiezo el primero de mes vs. cazar mi momentum

Desconfía del empezar a hacer solo en el momento perfecto. Esperar al momento en que te sientes suficientemente motivado puede llevarte a una espera eterna. Pero no por eso no hace falta programar el primer día, de la primera vez…  La presión por estar perfectamente preparado cuando suene el pistoletazo de salida te puede llevar a anticipar más esfuerzo y a alejarte de la comodidad.

Cuando intentas prepararte para un reto que crees que te queda grande, el contexto de inicio difícilmente va a parecerte asequible e ideal. Y ni que lo fuera, tu abogado interno siempre puede encontrar excusas. Parte de ahí, empieza de cualquier modo, sin demasiadas expectativas o incluso con expectativas de fracaso, a sabiendas de que las condiciones no son idóneas, pero que ya te sirven de entreno para aprender a encender el motor sin pensar.

A la vez, prueba a investigar cuál es el momento más fácil para que se de ese primer pasito. Estáte atento a cuando se abre cualquier sensación (no solo las ganas) que te acerque a la acción y píllala al vuelo.

Si llegados hasta aquí te han surgido preguntas o quieres consultarnos un caso en concreto no dudes en contactarnos a gisela@lobuenosibreve.com

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