odio y haters
De haters a dictadores: el odio como arma de seducción masiva
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Se han celebrado los 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial. Pero el odio entre los seres humanos sigue vigente. Es más, quizás hasta esté en auge. 

Lo curioso de cualquier ápice de violencia, verbal o física, es que carece de sentido racional. Más bien, se sostiene por emociones. El odio, hacia un colectivo, hacia un desconocido o hacia los amigos y familia nos reafirma a la vez que nos complica la convivencia. Y por estas razones hoy le dedicamos un artículo.

 

Hater, ¿el nuevo héroe?

 

Hater: Persona que odia (‘odiador’). Persona a quien le desagrada profundamente una persona o cosa específica.

Hater: El que se siente bien detectando el defecto ajeno.

 

Ser hater está de moda. Los que ponen cara y voz a una queja que de otro modo hubiese pasado desapercibida son cool. El acusica con guasa, la analítica graciosa, el sarcástico por defecto… Los portavoces de la crítica, especialmente la que incomoda decir en voz alta, muestran cierto tipo de valentía.

Todos odiamos, criticamos y ninguneamos, pero los primeros que cruzan la línea con críticas políticamente incorrectas y creativas son los nuevos héroes del barrio.

 

Fórmula hater: provocación + humor + odio

 

odio

 

1. Los parámetros de la provocación

Provocar, desafiar, sorprender. Lo inesperado llama la atención. El hater vive al filo de la navaja entre lo correcto y lo incorrecto. Ni mucho ni poco. Si se quedan cortos de odio son mainstream, no sobresalen respecto a lo previsible. Si van tarde ya no son tendencia.

 

2. El humor para tamizar la crueldad

Vende abanderarse del desagrado. Vende quejarse con gracia. Ya sea en formato comentario o con palabrotas, la crítica con humor vende. Vende el sarcasmo, la ironía, las viñetas y los memes. Todo formato que transforme lo cruel en más aceptable es bienvenido.

 

3. Llevar la contraria por defecto

Situarse a la cabeza de la crítica con los que piensan igual que uno es una forma rápida de situarse en una élite jerárquica intragrupo. En otras palabras, criticando subes puestos en la manada y recibes atención y apego de más integrantes del grupo. Y recibir atención engancha. Un refuerzo positivo del grupo nos da gasolina para seguir buscando nuevos objetos criticables.

 

Schadenfreude: el placer del menosprecio

 

hater

 

Schadenfreude: la experiencia de placer y satisfacción con uno mismo cuando se es testigo de los fallos, problemas o humillación del otro.

 

El bienestar producido por la superioridad moral a resultas del menosprecio ajeno también se conoce como Schadenfreude.

Este término alemán que nace a mediados del siglo XVIII está compuesto por las palabras Schaden, que significa daño, y Freude que significa alegría. Así, denominamos Schadenfreude a esa satisfacción de exponer el defecto ajeno para venirse uno arriba.

Nietzsche sostenía que Schadenfreude es reírse del otro con la conciencia clara. Schopenhauer lo definía como el sentimiento contrario a la compasión, algo parecido a la crueldad pero se diferencia de ella como la teoría de la práctica.

 

 

Tipos de odiadores: haters, trolls y bullies

 

¿Qué diferencia a un hater, de un troll o de un bully? A grosso modo, el lugar dónde despliegan sus expresiones de rabia u odio. El hater está en todas partes, el troll en los foros de internet y el bully en el patio del colegio o en la oficina.

 

El hater

Tradicionalmente se le conocía como criticón/ona, pero dado que hater no tiene por qué arrastrar la misma connotación negativa, no se pueden considerar sinónimos totales.

 

Con el odio a flor de piel

Tiene la piel o el ojo de la queja más fino que los demás. Es perfeccionista y sensible al defecto. Por eso del hater se espera que odie, denuncie y critique con más frecuencia de lo habitual. Y también que lo haga antes que la mayoría.

 

Invisible al adversario

La crítica suele ser indirecta. No se dirige a la persona que podría devolverle un diálogo para construir una nueva realidad compartida, sino que suele ser más bien una queja al aire, a un colectivo, o a un hecho, a espaldas del objeto directo sobre el que recae la queja.

 

Jerarquía

El hater puede estar en una jerarquía socialmente superior o inferior a la de la persona o colectivo que critica. Tanto puede ser hater el portero que pone de vuelta y media a todos los vecinos de los que come cada mes, como un dirigente que oprime a un pueblo y a sus recursos naturales.

 

cinismo

 

El troll

El troll es quien “tira el anzuelo” publicando mensajes provocadores irrelevantes en una sala de chat, en un foro de discusión, en un blog o cualquier otra comunidad en línea, con la intención de provocar una reacción adversa ajena. Su jerarquía e identidad suelen esconderse detrás de un apodo.

 

 

El bully

Es el hater que expresa su odio a la cara, sin la protección de una pantalla y suele estar en posición de poder. Aunque puedan desatar las mismas reacciones que un hater, pueden experimentar el retorno o feedback del sujeto odiado en la vida real, que van desde el llanto hasta la sangre.

 

 

Haters, ¿piratas de agua dulce?

 

Schadenfreude: Presuponer que la estimación de uno mismo se erige como juicio comparativo con la valía del otro.

Kant

bullying

 

Cuando el valor del hater depende del valor del objeto odiado

¿El defecto ajeno aumenta tu valía? ¿O solo tu popularidad? Piénsalo dos veces.

Cuanto más obviamente inferior sea el objeto de discordia, más valor diferenciado tendrá el hater. En otras palabras, el objeto de comparación debe considerarse ‘moralmente’ inferior al hater para que le salgan los números y de rienda suelta a su odio. En caso contrario, el mismo hater se pondría en posición de inferioridad moral y transmutaría de hater a envidioso.

 

Ganar batallas sin acción ni adversario

¿Cómo se puede ganar sin que siquiera exista una confrontación directa con el otro?

Por un lado el hater conquista al enemigo sin esfuerzo. Basa su crítica sobre la acción ajena, sin haber movido un dedo. Aplica el ingenio a una ya existente derrota subjetiva.

Por otro lado, el o los criticados rara vez conocen la existencia del hater. Por lo tanto, si desconocen la crítica no están ni convocados al campo de batalla.

 

Los propósitos de la crítica destructiva

 

Beneficios sociales de la queja: el odio como pavimento de la popularidad

 

¿Quién dice qué sobre quién?

 

Hemos pasado del clásico ‘que hablen de mi bien o mal, pero que hablen’ al ‘hablo mal del otro, para que hablen de mi’. Probablemente por la naturaleza de las redes sociales (retweets, tags, etiquetados), el protagonista de una crítica ya no es solo el sujeto sobre la que esta recae sino que ahora también lo es su emisor.

 

Dali Hater

 

Si me odias me ves.

No genera el mismo impacto un escote hasta el ombligo que un cuello alto. La provocación genera ser visto, reconocimiento, para bien y para mal.

Pero al fin y al cabo, como dijo Salvador Dalí, si hablan mal de ti es que eres importante porque de los mediocres hablan bien o ni siquiera se mencionan.

 

Si te odio me ven.

Ante la cantidad de estímulos y personas tras la pantalla, cada vez es más difícil ser visto. Por ello, hacerse ver a toda costa es el nuevo deporte de riesgo. Y no hace falta patentar nada para llamar la atención, si es a costa del otro, también vale.

Ya no hace falta llegar al extremo de intentar hacerse selfie al borde de un acantilado o comprar likes para hacer viral una nueva modalidad de twerking. Reírse del otro con gracia puede ser igualmente eficaz para ganar atención y popularidad en las redes.

 

Beneficios emocionales de la queja: saciar los malestares propios

Hay dos tipos de quejas. Las estériles (que no cambian nada en el objeto de queja) y las fructíferas (cuando la finalidad es cambiar algo a mejor a través de dar sugerencias de mejora). Ambas apuntan a obtener un beneficio: comunicar para llamar la atención.

 

El odio y la ira

 

La queja estéril genera ciertas ganancias al que la expresa, sin necesidad de que el otro/s esté/n presente/s:

 

  • Diferenciarnos de la ‘chusma’ y apegarnos a los que pensamos igual: la queja nos define, nos diferencia, valida quién somos.
  • Vomitar la queja para quedarse descansado: drenar la tensión producida por nuestro propio punto de vista (acerca del asunto que nos incomoda).
  • Reconocimiento: que me miren, que me rían las gracias, fortalece la sensación de pertenecer al grupo.
  • Aburrimiento: la búsqueda de acción verbal para salir de mi propia monotonía.
  • Ilusión de no crear: criticar alcanza el imaginario del ‘yo podría hacerlo mejor’. Corregir la falta ajena nos da la ilusión de que, en lugar del otro, nosotros seríamos mejores.
  • Darme de baja como agente de cambio: ser el juez supremo en lugar de un actor secundario más, me permite vaciar mi responsabilidad de hacer un mundo mejor al otro.

Por contra, la queja fructífera reconoce o incluso genera variables de cambio: acciones con la finalidad de mejorarme yo o de mejorar al otro. Pero eso no solo incrementa el esfuerzo sino también los malestares a corto plazo.

 

Las consecuencias del odio verbal

 

Libertad de expresión versus libertinaje moral

Dicen que sin riesgo de ofensa no hay libertad de expresión. Pero ¿dónde acaba la libertad de expresión y empieza la crueldad? ¿Debería ocuparse el otro de que no le afecte o debería autocensurarme en base a algún código moral básico (tipo no hagas lo que no te gustaría que te hiciesen a ti)?

Por suerte, ya hemos visto que en el caso de los haters, el objeto odiado normalmente suele desconocer tanto al hater como a su odio. Entonces, ¿qué hay de malo en verbalizar el odio si lo hago a espaldas del otro?

 

La neurociencia del odio verbal

Recientemente se ha empezado a estudiar científicamente el impacto del odio exclusivamente lingüístico.

Un reciente estudio muestra que el odio verbal aumenta los prejuicios y nos desensibilizan hacia las emociones ajenas. Además, percibimos menos odio cuando el hater es de nuestro círculo que cuando es de fuera. Un caldo de cultivo que nos favorece si formamos parte del grupo dominante y nos dificulta el entendimiento si pertenecemos a la minoría.

Los resultados de este otro estudio apuntan a que, estar expuesto a lenguaje amenazante, aunque las amenazas no vayan dirigidas hacia uno, activan la amígdala y otros centros cerebrales relacionados con el alto impacto emocional del miedo.

 

rabia

 

Soluciones (haters gonna hate)

 

El último hater: la queja sin odio como vehículo de cambio

 

¿Y si la evolución humana y la supervivencia en este planeta dependieran de aprender a llevarnos bien?

 

La queja sin odio sea quizás más aburrida, costosa y también más difícil de llevar a cabo que la vomitada emocional mordaz. Especialmente porque implica autogestión emocional de la ira y responsabilidad de las propias acciones morales. En eso, como especie, parece que todavía estamos estancados. ¿Y si la evolución humana y la supervivencia en el planeta dependieran de ello? ¿Actuaríamos igual? Tal como está el patio a nivel social, político y medioambiental, no estaría de más contemplarlo.

 

odio verbal

 

 

El reconocimiento mediante la acción eficaz

 

Los extremismos dificultan la convivencia

 

Llamar la atención y obtener el reconocimiento de los míos, ¿es posible sin pisar al otro? Seguramente sí, pero quizás requiera de predicar con el ejemplo a través de acciones en lugar de exclusivamente defecar por la boca. Mediante la queja voraz separamos el grupo al que pertenecemos del otro grupo al que criticamos, dificultando el diálogo y por lo tanto el entendimiento entre extremos. Y los extremismos, por más cool y valientes que parezcan, dificultan la convivencia de los que viven en ambos extremos.

 

¿Mi grupo o nuestro grupo?

 

Un solo grupo con diferencias salvables a través de las semejanzas y el diálogo

 

En el mundo animal, sigue siendo el primero en cruzar el río y no el primero en generar pelea el que goza del reconocimiento grupal. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Quizás solo dividiéndonos en submanadas dentro de la misma especie. Quizás el mero concepto de ‘el otro’ ya sea ingrediente suficiente para facilitar la disputa.

Si nos incluyéramos todos en mismo grupo al margen de nuestras diferencias, quizás, y solo quizás, otros gallos cantarían. O cantarían los mismos, pero otras canciones.

 

Si quieres saber más acerca del odio, la ira y cómo gestionarlos puedes contactar con la doctora Gisela Pi, autora de este artículo.

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